miércoles, 16 de diciembre de 2009

El malandraje en los trópicos

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Soy una persona simple, de hábitos simples y firmes convicciones políticas. Por causa de estas últimas, algunas veces me vi obligado a dejar mi tierra. Es triste el exilio, pero, por otro lado, te trae vivencias con las cuales uno no deja de sorprenderse nunca.

Desde pequeños somos convencidos de que la “viveza” o“picardía criolla” es insuperable, aunque yo les puedo asegurar que en cuestiones de malandraje los brazucas nos empardan.

De los grandes personajes que he conocido en el mundo de la política hay uno que es especial. Por tratarse de una figura que hoy se encuentra en pleno ejercicio de su mandato, lo voy a llamar apenas de “el Negrito”.


Aclaro que es un apodo cariñoso ya que él no es negro y sí un morocho de estilo gardeliano, con una sonrisa parecida a la de Cacho Castaña.


Lo conocí en la época de la dictadura brasileña, cuando surgía como un lider nato de la juventud, luchando por las elecciones directas junto a otro chiquilín y gran amigo el cual después tendría amplio destaque en la política de estos trópicos.

A pedido de varios amigos amigos, me reencuentro con el Negrito en 2004, cuando se preparaba para salir candidato a Diputado.

Ya más maduro, aún conservaba en los ojos el brillo del fuego de la juventud y la sorisa capaz de superar cualquier obstáculo.

Concordé en ser el Coordenador de su campaña.

¡Qué figura el Negrito!

Capaz de montar una mula chúcara en el medio de un rodeo y apearse con el animal mansito debajo de los aplausos de la multitud. Lo he visto enlazar novillos y pialarlos con destreza magistral. Voltear un zebú tironeándolo del rabo. En las domas más de una vez se jugaba montando un toro, haciendo delirar a la gente.


Aunque nos parezca raro, la gran mayoría de los brasileños del interior (incluyendo la industrializadísima San Pablo) son gente de campo, apasionadas por estas cosas, y musicalmente locos por los duos folklóricos (sertanejos), chamamés, guarañas, xotes, chamarras y claro el “forró”, música típica del Nordeste, una especie de arrastrapiés muy lindo de ser bailado bien juntitos.


El Negrito era maestro en cualquier estilo de danza, si lo dejaban se bailaba hasta el Himno Nacional, cierto 25 de Mayo lo vi bailando un tango, en la Embajada Argentina en Brasilia, que hasta Tito Lusiardo lo hubiera aplaudido.




En las fiestas populares las sacaba a bailar a todas. Lindas o feas, jóvenes o viejas, altas o bajitas, gordas o flacas, casadas o solteras, se disputaban el placer de bailar por lo menos media pieza con él.

Siempre llevaba los músicos, porque fiesta de verdad tiene que tener músicos al vivo, y nunca le faltaban conjuntos que lo acompañaran. Algunos artistas eran de medio pelo, pero también había los de gran renombre. Los novatos se ofrecían hasta gratis para tocar para el Negrito. Los famosos cobraban... cuando podían.

Jamás lo vi mamado, pero no le hacía cara fulera a ningún trago siempre que le era ofrecido; caña, cerveza, vino, coñac, wisky, vermouth, etc. se lo bajaba como si fuera agua pura.

En el único momento que se mostraba quisquilloso era para comer.

Solamente comía si era una cosa simple, bife, arroz, porotos, fideos con tuco y ensalada mixta.

Claro que también apreciaba un asado, le encantaban los tamales y las empanadas y era loco por un lechoncito al horno de barro, pero si te salías de este menú dificilmente tocaba un plato. Eso sí, para los dulces era como los gurises, se le saltaban los ojos.

Idolatrado por los amigos, por los más necesitados y por el pueblo en general, se mataba para cumplir cualquier promesa hecha a un compañero. Era capaz de dividir su propio sueldo con los que lo acompañaban , hasta la última moneda, con él nadie salía seco. Si le decía a alguien que le conseguiría un trabajo era capaz de pechar Empresarios, Diputados, Intendentes, Gobernadores, Ministros y hasta el propio Presidente, pero que se lo conseguía, se lo conseguía.

No se imaginan lo que sufrí haciéndole la campaña al Negrito, porque no tenía reglas, ni horarios, ni prioridades. Por más que le hacía la agenda no la cumplía.

Ahora, en una cosa se destacaba el Negrito, en no pagar, en caminarlos a los otros, enroscándole la vívora hasta el cuajo.

No es que no le gustaba pagar, es que nunca tenía un mango. Vos salías con él a la mañana y le dabas 40 mil pesos para pagar la gráfica; bueno, a la tarde no había pagado la gráfica y encima te mangaba para el café.

Se la daba a la gente la plata, a cualquiera que le pedía, al que tenía que hacer un bautismo, al que no tenía para el alquiler, al que le faltaba para el remedio, al que no podía pagar la cuota de la heladera y -aunque no me lo crean- lo vi dándole plata a uno para ir al telo con una mina.

Así siendo imagínense lo que uno sufría. Y ni les cuento lo que sufrían los que querían cobrar ¡ja ja ja ja ja! ¡Cobrar! Gráficas, restaurantes, cias. de rodeo, artistas caros (esos de hasta $400.000 por show), concesionarias de autos, bancos, financieras, prestamistas y/o usureros, hoteles, empresas de ómnibus, clubes de campo, hoteles estancias, clínicas privadas, cias de aviación, empresas de pasajes aéreos y muchas más, todas estaban en la fila (y lo estarán para siempre). Era más fácil cobrarle a Isidoro Cañones.

Voy a parar, así les cuento una historia.

En cierta oportunidad, cuando todavía era permitido por la ley hacer recepciones, shows y comidas para la gente. En un barrio de la capital provincial había una enorme churrasquería al “espeto corrido” donde además prestaban servicios para grandes recepciones.

Cabían 1.100 personas en el restaurante. Contaba, además con un variado show al vivo. Aire acondicionado, mozos experientes, cocina de primera, estacionamiento para 300 autos y la mar en coche. De más está decir que no era nada barato.

A ese restaurante les cayó el Negrito, para combinar el precio de una gran recepción para los amigos, punteros y referentes de su campaña .

El dueño cobraba 30 reales por cabeza (casi 60 mangos), péro el Negrito le lloró y finalmente le consiguió bajar el precio para 25 reales por cabeza, lo que daría un total de 25.000 Reales, algo así como 50 mil pesos, en dos pagos, uno inmediatamente después del servicio y otro con 15 días.

Si la cerveza y el wisky acordado no alcanzara, se pagaría un plus por cantidad consumida recargando apenas un 20% más caro que el precio de costo. Los mozos, cocineras y asadores recibirían separadamente por servicios prestados.

Fue un verdadero espectáculo, más de mil personas siendo tratadas como reyes, comida hasta hartarse, shows al vivo, bendiciones de Padres, Pastores y hasta un Rabino por la vida del Negrito y para rematar el gran discurso de la victoria. Porque esa cena fue marco determinante para el brillante triunfo que obtendría.

Terminado todo, con la mayoría de la gente ya yéndose para sus casas, excepción hecha para algunos mamados que insistían en tomar “la última”, el Negrito llama al dueño para pagarle la factura.

- Hágame la boleta en nombre de la Fundación "Esperanza en el Mañana", porque no puedo hacerla en mi nombre ya que me pasé con los gastos previstos para la campaña y el Tribunal Electoral vigila estas cosas, le doy el número de registro de la empresa. ¿ Usted tiene algún problema?

- No, no, de ninguna manera. ¡Qué problema habríamos de tener? –dijo el dueño.

Ahí el Negrito dice: - Llámeme antes a los mozos, cocineros y asadores que quiero pagarles primero, por favor.

- Si quiere después les pago yo.

- De ninguna manera, trato es trato y a los trabajadores en primer lugar su derecho.

- Claro, claro, está bien Diputado. Decía el tipo, aunque el Negrito no era Diputado todavía.

Y llegando la gente abrió un maletín lleno de billetes de 10 les pagó al contado, lo acordado y de yapa la propina. Faltaba que le besaran las manos.

- Bueno ahora a lo nuestro –le dijo al dueño- ¿Cuánto se gastó de más?

- Hay que agregar 10 botellas de wisky escocés y 6 cajas de cerveza –dice el tipo.

- No hay problema. ¿Cuánto es todo?

- Bien, el wisky y la cerveza dio 1.322, que hay que sumarle a los 25.000.; así que son 26.322. Para redondear 26.300. O sea, dos cheques de 13.150 Reales. Dijo sonriente el dueño.

- Está bien. Dijo el Negrito y dándose vuelta lo llama al Contador. – Dr. Marín hágale dos cheques de 13.500 Reales.

- ¿Cómo? Dijo el Dr Martín.

- Es que yo no le puedo dar cheques míos por causa de la Justicia Electoral, así que hágale dos cheques suyos Doctor. (En realidad todos nosotros sabíamos que el Negrito no tenía cheques, ni siquiera cuenta en cualquier Banco, pero eso no lo podíamos andar ventilando con los de afuera).

- Pero es que yo no tengo esa plata en la cuenta –dice balbuceante Marín, sabiendo que se venía el agua.

- Pero Doctor, mañana mismo yo le cubro la cuenta. Vamos a hacer una cosa. –mirándolo fijamente al dueño- ¿El primer cheque puede ser para pasado mañana? Así lo dejamos tranquilo al Doctor.

- No hay ningún problema "Negrito". Dijo el dueño, ya más confianzudo.

- Listo Doctor, hágale los dos cheques. Cruzados y al portador, por favor, así si se lo tiene que repasar a algún proveedor no hay problemas.

Y el Doctor Marín, que lo conocía bien al Negrito, hizo los cheques con mano temblorosa y sudando frío. Los entregó y recibió la boleta en nombre de la “Fundación Esperanza en el Mañana”.

Después de despedirnos subimos en la chata cabina doble. Íbamos: Lalá (el chofer), el Negrito, el Doctor Marín y yo

Apenas salimos el Dr. Marín dice: Negrito. ¿Cuál es la Fundación “Esperanza en el Mañana” ? No la tengo registrada.

- Doctor es la Fundación a la cual pertenecemos todos nosotros; esperanza que en el día de mañana voy a ganar la elección o estamos todos jodidos.

- ¿Cómo Negrito?

- ¡Pero la inventé hoy Doctor! ¿Qué le pasa? Anda medio lenteja.

- ¿Ah! ¡Ja ja ja! Ahora entendí... pero... Negrito... ¿Y cómo vamos a hacer con los cheques?

- ¿Qué cheques Doctor?

- Los que le pasé al hombre del restaurante, esos son míos y verdaderos..

- ¡Ah! Esos cheques. Mañana a las 11:00, cuando abra el banco, vaya y haga la denuncia de que los perdió. (En Brasil eso es suficiente para cancelar un cheque)

- Pero... Pero Negrito, es una injusticia hacerle eso a este hombre. Ha sido un tipo muy bueno ¡No podemos quedar mal con él!

- Doctor, quedamos mal con uno... pero hicimos felices a más de mil. ¿No?

6 comentarios:

Brujotinto dijo...

Jajaja gran hijo de su madre... aunque parece que este politico tiene mucho carisma cosa que carecen muuuuchos, muy bueno como todo lo publicado hasta ahora. Un abrazo.

Educatto dijo...

Lo conozco,es un chanta, hoy apareció al lado del gobernador; en la foto ... y pensar que hiba a hacerle un trabajo, lindo me hiba a ir.

juantechuno dijo...

Qué grande el Negriiiiiitooooo!!!
Traelo pa'Entre Ríos che, pa'enseñarle a jugar al truco!!!

Anónimo dijo...

kkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk!!!
Conheço bem esse elemento!!! E dessas histórias tem muitas mais. Espero que contes varias Angelito!!!
Grande Deputado o Neguinho!!! kkkkkkkk!!!

Um abraço, Luciano.

Anónimo dijo...

Qué personaje el Negrito hermano!!!
Me parece que es mucho más rápido que los de acá que "manotean y se la llevan abajo del brazo nomás" (como diría un gran amigo nuestro)
Me hiciste reír!!! Traelo para Gualeguay hermano así lo conocemos.

Sr. Tuerto

davico.clubesf.com.br dijo...

jajajaja

que loco!!!