viernes, 19 de noviembre de 2010

martes, 19 de enero de 2010

NO SÉ P'ANDE AGARRO




Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Masita jugaba un partido de truco, después de comer un tremendo asado regado a buen vino tinto.

Jugábamos de seis, así que había mano común (toda la vuelta) y pica-pica (mano a mano). En un momento determinado le toca a Masita jugar la mano, pero todos nos paramos cuando lo vemos con el mentón apoyado sobre el puño cerrado y mirando para arriba, abstraído, meditativo, circunspecto, era el modelo perfecto para una escultura Auguste Rodin.

¿Qué estaría pensando? Por unos segundos se hizo un silencio pesado en el grupo. Muchas cosas pasaban por nuestras cabezas intentando imaginar el motivo que llevara al mutismo de nuestro compañero, justo él que, entre todos, siempre fue el más alegre.

De repente, con la sutileza que le es característica, el Abrojo le dice: ¿Pero que mierda te pasa hermano? ¿Vas a jugar o nos agarraste p’al churrete? ¿Qué carajo estás pensando?

Y Masita, siempre con los ojos fijos para arriba, responde: Estoy aquí pensando hermanos y bastante indeciso. ¡Es que no sé si agarro p’al lao del vino o p’al lao del “güisky”!. Mientras apuntaba el dedo para la alta estantería, llena de botellas, que estaba a su frente cerca del cielorraso.






lunes, 11 de enero de 2010

No puedo comer?

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares


Esta es rápida.





Sucedió hace algunos años atrás, antes de una Navidad.


Estábamos saludando y brindando a cuenta en el Club Social de Gualeguay cuando ante un desafío irrecusable resolvimos jugar un partido de truco por un lechón.

Claro que ninguno iría a comprar un chancho, así que el partido era por 100 pesos.



De un lado el turco Kaplan haciendo par con el "gaucho judío" Erscovich, del otro el diputado "Miloco" y éste que narra la história.


El partido había sido determinado a dos chicos seguidos y, en caso de empate, un único bueno.





"Miloco", como todo político, siempre andaba apurado -nunca supe por qué- y como ellos nos ganaron el primer chico y nos llevaban mal en el segundo, no se aguantó y les echó la falta envido de mano.


Pícaro el turco y conocedor del oficio se la aceptó. Yo tenía 29 y esos no son tantos ni para hacer seña, así que pensé: "Miloco" tendrá un camión. Pero el sinvergüenza no tenía nada, cantó 24, que el turco le mató con 30 y así fue que perdimos.


Yo no dije nada y ya estaba hechando mano al bolsillo, pero me había calentado por la manera estúpida de perder y "Miloco" se dió cuenta al tiro, así que rápidamente dijo: Dejá Angelito, esta la perdí solo y la pago solo también.


Entre que sí y que no sacó un billete de 50 pesos y lo tiró arriba de la mesa diciendo: Ahí tienen che!


- Pero esto no alcanza para el lechón. Dijo el gaucho Erscovich 


- Cómo que no alcanza?  Para un lechoncito alcanza, si es para el turco nomás, o vos ahora comés lechón? Dijo Miloco, mientras nos guiñaba el ojo al turco y a mí.


- Mirá hermano, creo que vos estás equivocado con nosotros los judíos, te voy a explicar: No es que nosotros no podemos comer chancho, lo que no podemos es comprarlo, así que dale 50 pesos más al turco para que lo compre para mí. Entendiste che?





miércoles, 16 de diciembre de 2009

El malandraje en los trópicos

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Soy una persona simple, de hábitos simples y firmes convicciones políticas. Por causa de estas últimas, algunas veces me vi obligado a dejar mi tierra. Es triste el exilio, pero, por otro lado, te trae vivencias con las cuales uno no deja de sorprenderse nunca.

Desde pequeños somos convencidos de que la “viveza” o“picardía criolla” es insuperable, aunque yo les puedo asegurar que en cuestiones de malandraje los brazucas nos empardan.

De los grandes personajes que he conocido en el mundo de la política hay uno que es especial. Por tratarse de una figura que hoy se encuentra en pleno ejercicio de su mandato, lo voy a llamar apenas de “el Negrito”.


Aclaro que es un apodo cariñoso ya que él no es negro y sí un morocho de estilo gardeliano, con una sonrisa parecida a la de Cacho Castaña.


Lo conocí en la época de la dictadura brasileña, cuando surgía como un lider nato de la juventud, luchando por las elecciones directas junto a otro chiquilín y gran amigo el cual después tendría amplio destaque en la política de estos trópicos.

A pedido de varios amigos amigos, me reencuentro con el Negrito en 2004, cuando se preparaba para salir candidato a Diputado.

Ya más maduro, aún conservaba en los ojos el brillo del fuego de la juventud y la sorisa capaz de superar cualquier obstáculo.

Concordé en ser el Coordenador de su campaña.

¡Qué figura el Negrito!

Capaz de montar una mula chúcara en el medio de un rodeo y apearse con el animal mansito debajo de los aplausos de la multitud. Lo he visto enlazar novillos y pialarlos con destreza magistral. Voltear un zebú tironeándolo del rabo. En las domas más de una vez se jugaba montando un toro, haciendo delirar a la gente.


Aunque nos parezca raro, la gran mayoría de los brasileños del interior (incluyendo la industrializadísima San Pablo) son gente de campo, apasionadas por estas cosas, y musicalmente locos por los duos folklóricos (sertanejos), chamamés, guarañas, xotes, chamarras y claro el “forró”, música típica del Nordeste, una especie de arrastrapiés muy lindo de ser bailado bien juntitos.


El Negrito era maestro en cualquier estilo de danza, si lo dejaban se bailaba hasta el Himno Nacional, cierto 25 de Mayo lo vi bailando un tango, en la Embajada Argentina en Brasilia, que hasta Tito Lusiardo lo hubiera aplaudido.




En las fiestas populares las sacaba a bailar a todas. Lindas o feas, jóvenes o viejas, altas o bajitas, gordas o flacas, casadas o solteras, se disputaban el placer de bailar por lo menos media pieza con él.

Siempre llevaba los músicos, porque fiesta de verdad tiene que tener músicos al vivo, y nunca le faltaban conjuntos que lo acompañaran. Algunos artistas eran de medio pelo, pero también había los de gran renombre. Los novatos se ofrecían hasta gratis para tocar para el Negrito. Los famosos cobraban... cuando podían.

Jamás lo vi mamado, pero no le hacía cara fulera a ningún trago siempre que le era ofrecido; caña, cerveza, vino, coñac, wisky, vermouth, etc. se lo bajaba como si fuera agua pura.

En el único momento que se mostraba quisquilloso era para comer.

Solamente comía si era una cosa simple, bife, arroz, porotos, fideos con tuco y ensalada mixta.

Claro que también apreciaba un asado, le encantaban los tamales y las empanadas y era loco por un lechoncito al horno de barro, pero si te salías de este menú dificilmente tocaba un plato. Eso sí, para los dulces era como los gurises, se le saltaban los ojos.

Idolatrado por los amigos, por los más necesitados y por el pueblo en general, se mataba para cumplir cualquier promesa hecha a un compañero. Era capaz de dividir su propio sueldo con los que lo acompañaban , hasta la última moneda, con él nadie salía seco. Si le decía a alguien que le conseguiría un trabajo era capaz de pechar Empresarios, Diputados, Intendentes, Gobernadores, Ministros y hasta el propio Presidente, pero que se lo conseguía, se lo conseguía.

No se imaginan lo que sufrí haciéndole la campaña al Negrito, porque no tenía reglas, ni horarios, ni prioridades. Por más que le hacía la agenda no la cumplía.

Ahora, en una cosa se destacaba el Negrito, en no pagar, en caminarlos a los otros, enroscándole la vívora hasta el cuajo.

No es que no le gustaba pagar, es que nunca tenía un mango. Vos salías con él a la mañana y le dabas 40 mil pesos para pagar la gráfica; bueno, a la tarde no había pagado la gráfica y encima te mangaba para el café.

Se la daba a la gente la plata, a cualquiera que le pedía, al que tenía que hacer un bautismo, al que no tenía para el alquiler, al que le faltaba para el remedio, al que no podía pagar la cuota de la heladera y -aunque no me lo crean- lo vi dándole plata a uno para ir al telo con una mina.

Así siendo imagínense lo que uno sufría. Y ni les cuento lo que sufrían los que querían cobrar ¡ja ja ja ja ja! ¡Cobrar! Gráficas, restaurantes, cias. de rodeo, artistas caros (esos de hasta $400.000 por show), concesionarias de autos, bancos, financieras, prestamistas y/o usureros, hoteles, empresas de ómnibus, clubes de campo, hoteles estancias, clínicas privadas, cias de aviación, empresas de pasajes aéreos y muchas más, todas estaban en la fila (y lo estarán para siempre). Era más fácil cobrarle a Isidoro Cañones.

Voy a parar, así les cuento una historia.

En cierta oportunidad, cuando todavía era permitido por la ley hacer recepciones, shows y comidas para la gente. En un barrio de la capital provincial había una enorme churrasquería al “espeto corrido” donde además prestaban servicios para grandes recepciones.

Cabían 1.100 personas en el restaurante. Contaba, además con un variado show al vivo. Aire acondicionado, mozos experientes, cocina de primera, estacionamiento para 300 autos y la mar en coche. De más está decir que no era nada barato.

A ese restaurante les cayó el Negrito, para combinar el precio de una gran recepción para los amigos, punteros y referentes de su campaña .

El dueño cobraba 30 reales por cabeza (casi 60 mangos), péro el Negrito le lloró y finalmente le consiguió bajar el precio para 25 reales por cabeza, lo que daría un total de 25.000 Reales, algo así como 50 mil pesos, en dos pagos, uno inmediatamente después del servicio y otro con 15 días.

Si la cerveza y el wisky acordado no alcanzara, se pagaría un plus por cantidad consumida recargando apenas un 20% más caro que el precio de costo. Los mozos, cocineras y asadores recibirían separadamente por servicios prestados.

Fue un verdadero espectáculo, más de mil personas siendo tratadas como reyes, comida hasta hartarse, shows al vivo, bendiciones de Padres, Pastores y hasta un Rabino por la vida del Negrito y para rematar el gran discurso de la victoria. Porque esa cena fue marco determinante para el brillante triunfo que obtendría.

Terminado todo, con la mayoría de la gente ya yéndose para sus casas, excepción hecha para algunos mamados que insistían en tomar “la última”, el Negrito llama al dueño para pagarle la factura.

- Hágame la boleta en nombre de la Fundación "Esperanza en el Mañana", porque no puedo hacerla en mi nombre ya que me pasé con los gastos previstos para la campaña y el Tribunal Electoral vigila estas cosas, le doy el número de registro de la empresa. ¿ Usted tiene algún problema?

- No, no, de ninguna manera. ¡Qué problema habríamos de tener? –dijo el dueño.

Ahí el Negrito dice: - Llámeme antes a los mozos, cocineros y asadores que quiero pagarles primero, por favor.

- Si quiere después les pago yo.

- De ninguna manera, trato es trato y a los trabajadores en primer lugar su derecho.

- Claro, claro, está bien Diputado. Decía el tipo, aunque el Negrito no era Diputado todavía.

Y llegando la gente abrió un maletín lleno de billetes de 10 les pagó al contado, lo acordado y de yapa la propina. Faltaba que le besaran las manos.

- Bueno ahora a lo nuestro –le dijo al dueño- ¿Cuánto se gastó de más?

- Hay que agregar 10 botellas de wisky escocés y 6 cajas de cerveza –dice el tipo.

- No hay problema. ¿Cuánto es todo?

- Bien, el wisky y la cerveza dio 1.322, que hay que sumarle a los 25.000.; así que son 26.322. Para redondear 26.300. O sea, dos cheques de 13.150 Reales. Dijo sonriente el dueño.

- Está bien. Dijo el Negrito y dándose vuelta lo llama al Contador. – Dr. Marín hágale dos cheques de 13.500 Reales.

- ¿Cómo? Dijo el Dr Martín.

- Es que yo no le puedo dar cheques míos por causa de la Justicia Electoral, así que hágale dos cheques suyos Doctor. (En realidad todos nosotros sabíamos que el Negrito no tenía cheques, ni siquiera cuenta en cualquier Banco, pero eso no lo podíamos andar ventilando con los de afuera).

- Pero es que yo no tengo esa plata en la cuenta –dice balbuceante Marín, sabiendo que se venía el agua.

- Pero Doctor, mañana mismo yo le cubro la cuenta. Vamos a hacer una cosa. –mirándolo fijamente al dueño- ¿El primer cheque puede ser para pasado mañana? Así lo dejamos tranquilo al Doctor.

- No hay ningún problema "Negrito". Dijo el dueño, ya más confianzudo.

- Listo Doctor, hágale los dos cheques. Cruzados y al portador, por favor, así si se lo tiene que repasar a algún proveedor no hay problemas.

Y el Doctor Marín, que lo conocía bien al Negrito, hizo los cheques con mano temblorosa y sudando frío. Los entregó y recibió la boleta en nombre de la “Fundación Esperanza en el Mañana”.

Después de despedirnos subimos en la chata cabina doble. Íbamos: Lalá (el chofer), el Negrito, el Doctor Marín y yo

Apenas salimos el Dr. Marín dice: Negrito. ¿Cuál es la Fundación “Esperanza en el Mañana” ? No la tengo registrada.

- Doctor es la Fundación a la cual pertenecemos todos nosotros; esperanza que en el día de mañana voy a ganar la elección o estamos todos jodidos.

- ¿Cómo Negrito?

- ¡Pero la inventé hoy Doctor! ¿Qué le pasa? Anda medio lenteja.

- ¿Ah! ¡Ja ja ja! Ahora entendí... pero... Negrito... ¿Y cómo vamos a hacer con los cheques?

- ¿Qué cheques Doctor?

- Los que le pasé al hombre del restaurante, esos son míos y verdaderos..

- ¡Ah! Esos cheques. Mañana a las 11:00, cuando abra el banco, vaya y haga la denuncia de que los perdió. (En Brasil eso es suficiente para cancelar un cheque)

- Pero... Pero Negrito, es una injusticia hacerle eso a este hombre. Ha sido un tipo muy bueno ¡No podemos quedar mal con él!

- Doctor, quedamos mal con uno... pero hicimos felices a más de mil. ¿No?

miércoles, 21 de octubre de 2009

Pase, abono, boleto!


Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares


Un viernes, al final de la tarde, volvíamos de “El Ancla”, una popular playa de río que quedaba en Olivos, no tengo la menor idea si todavía existe o si fue “privatizada”.


Es curioso como la mayoría de las playas populares de Buenos Aires fueron robadas del pueblo, y obsequiadas a “yatching” clubes, a la Prefectura, a la Marina, a clubes de remo etc.


Con la honrosa excepción de San Fernando, donde el “Nene” Viviant recuperó el río para la gente, en el resto de las playas bonaerenses parece una especie de conjuración maligna: “¡Ustedes no tienen derecho a mirar el río, quédense de espaldas a él!!”.



Bueno, mejor volvemos a la historia.


Eramos jóvenes, algunos estudiantes, otros trabajadores temporales y muchos atorrantes. El grupo era nutrido y divertido.


Retornábamos para nuestro barrio adoptivo, en la calle Maipú abajo, y entre tantos personajes se encontraba “Pirulo”, famoso vendedor de choripán y tómbola en la cancha de Tigre.


“Pirulo” era lo que se conoce como “un busca”, lleno de picardías argentinas, que algunos llaman de avivadas.


É iba a “El Ancla” para divertirse pero, principalmente, para rebuscársela.


Aprovechava la ida para llevar una caja de cubanitos rellenos con dulce de leche, que colocaba en una bandeja para vender en la playa.


Después de las ventas se relajaba jugando un picadito y al final, como casi todos, tomando un Zumuva bien helado. ¿Será que todavía se vende?


Nos tomábamos el tren del Ramal Tigre del Mitre, para ir y volver.




Algunos sacaban boleto, otros no.


Los que no lo hacían miraban para saber dónde estaba el guarda y se iban corriendo cada vez más al frente o al fondo del tren.


Les dije que era un viernes por la tarde, así que el Mitre venía lleno de pasajeros y eso dificultaba la acción del guarda, que se deslocaba picando los pasajes mientras con voz firme, sin llegar a ser un grito, decía:


¡Pase, abono, boleto! ¡Pase, abono, boleto!


Si no estoy engañado,

los pases eran para la policía, los empleados del ferrocarril, los jubilados y los que tenían necesidades especiales. A estos, que eran pasajeros de todos los días, el guarda siempre los conocía y raramente les pedía el pasaje.


Los abonos eran boletos que se sacaban por quincena o mensualmente y eran los que más trabajo le daban al guarda, porque el espacio para picar el boleto era muy pequeño, además el papel del pase no era muy duro y todo eso hacía con que el guarda perdiese mucho tiempo, por eso, la mayoría de las veces no lo pedía.


El boleto no, ese era sagrado, te lo pedía siempre y te lo picaba parecía que hasta con rabia: tick-tack , tick-tack!!!-

Yo había sacado boleto ida y vuelta y venía sentado, como quien mira para adelante. Los que no habían sacado pasaje estaban de pie mirando para atrás, vigilando al guarda.


Cuando éste entra en nuestro vagón, los muchachos se deslocan para el siguiente, menos Pirulo que se queda tranquilo como un estanque.


Viene el guarda pidiendo: ¡Pase, abono, boleto! Hasta colocarse frente a Pirulo.


Y Pirulo, serio, echa mano al bolsillo mientras dice: ¡Abono!


- Por favor, me muestra el abono. Dijo el guarda.


- No señor, no tengo. Dice Pirulo.


- ¿Y entonces cómo me dice “abono”? Replica el ferroviario.


Hubo um instante de tensión, um silencio atroz, como si todo el mundo estuviera atento al desarrollo de la acción...


- ¡Abono la multa porque estoy viajando sin boleto!


El tren se sacudía de tantas carcajadas, hasta el guarda se reía tanto que lo dejó ir.

martes, 1 de septiembre de 2009

NO HAY LUGAR

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Era verano en Gualeguay, estación en la cual todos los gualeyos del mundo se juntan.


Así como las anguilas del mundo abandonan el mar y se juntan para reproducirse en el Mar de los Zargazos.

O como los salmones vuelven a los oxigenados rios de la Alaska en que nacieron.


Apenas iniciado el mes de diciembre comienza la migración gualeya a la tierra amada, la Patria chica.

Digo la Patria chica aunque en el corazón de uno se hace grande, porque nosotros somos unidos a la Argentina, por eso de los pactos preexistentes y otras yerbas, pero antes de más nada somos entrerrianos.

Por eso nos agrada mucho más el nombre de Confederación Argentina o de Provincias Unidas del Sur que el de República Argentina.


No sé si fui claro, pero es que nosotros tenemos conciencia de que somos anteriores a la república y que ésta se gestó en nuestro seno.


Bueno, para qué hablar de cosas tan serias en las que uno se acaba perdiendo en divagaciones. Resulta que cierto día, mientras jugábamos al volei de playa.

El negro Valderrama tuvo que abandonar el juego porque era el día que le tocaba hacer el asado.

Nos estaba faltando uno cuando, de repente, aparece un platense que andaba de vacaciones por el litoral. Buena facha, pelo largo, bronceado, sonrisa blanca y fácil.


- ¿Puedo jugar? dijo el muchacho en cuestión.


Lo miramos y nos miramos entre todos, para ver si había alguno que se opusiera, como nadie dijo nada el "Pincha" le dice: - ¡Entrá Hermano! Vos jugás de este lado.

Jugaba bien el vaguito y eso era importante, en realidad la cancha de volei de playa no era como lo es hoy en día en que juegan dos de cada lado, era un juego normal, con seis de cada lado. La muchachada aprovechaba para exibir sus músculos trabajados y sus dotes de campeones y... claro está... las gurisas se sentaban a tomar mate, alentar a uno u otro y aprovechar el momento para ver si después salía algún atraque.


Porque el verbo que más se conjugaba en el estío era "atracar".


Terminado el juego el gurí fue hasta el bar y compró unas cervezas y gaseosas que compartió con la barra. Ahí nomás el negro Valderrama lo convidó a comer el asado y cada uno de nosotros lo saludamos, porque hasta ese momento no sabíamos ni el nombre.


Daniel se llamaba; dijo que era mochilero, que había salido desde La Plata y que tenía como objetivo conocer el Litoral.


Que un camionero que venía a Gualeguay lo levantó en Zárate y que aprovechó para conocer la "Capital de la Cordialidad".


- ¡Ah! Mirá vos! dijo el "tuerto" Anibal , al quien el gurí le había caído simpático porque le hizo ganar el partido de volei. - ¿Eso es lindo, vieron? Es lo que yo quiero hacer pero yendo a Europa. ¿Y tenés experiencia en ese tipo de viaje? ¿Cómo hacés cuando llegás a una ciudad? ¿Dónde te instalás?


El tal de Daniel responde: - Sí, experiência tengo bastante, ya vengo haciendo eso hace dos años, primero fui a Córdoba y todo el Noroeste, hasta Bolivia. El año pasado hice el Sur y volví por Chile, pasando por Mendoza. Este año es el Litoral.


- ¡Pero yo te pregunté dónde te instalás? ¿Dónde te acomodás? Insistía el tuerto.


- Bueno, depende, si hay un camping y el tiempo es bueno armo la carpita. Si no hay, busco una pensión o un albergue de estudiantes o un hotelucho barato. Pero cuando llego a uma ciudad siempre voy primero a la comisaría, me informo y les pido permiso para dejar momentaneamente la mochila con mis cosas. Eso también es una jugada porque evita que la policía me mire como sospechoso de cualquier cosa.

- Te das cuenta hermano -dijo el tuerto- el gurí sabe hacer las cosas. ¿Y dónde te vas a quedar ahora?

- Pensaba quedarme en el camping del balneario, por dos días apenas, pero ya no hay más lugar, voy a ver si encuentro algún hospedaje por ahí, caso contrario me tendré que ir antes que se haga de noche.


- Pero no hermano, quedate en casa, un lugarcito te vamos a hacer. ¿No gringo? Dijo dirigiéndose a mí.


- ¡Seguro!
Le respondí.


Acá voy a hacer un aparte, yo ya les conté que la vagancia mas fina de Gualeguay se instalaba en la casa del tuerto Anibal, cuyo padre había fallecido y su madre, viuda, se mudara para Paraná. Además de este redactor, allí también se quedaban el “Pincha” Adler, el “Negro” Valderrama, el “Gallego” Arana, el “Patita” Espinoza y el “Rengo” Capitán, entre otros. La casa era grande y durante el verano era pura fiesta. Las gurisas visitaban la casa cotidianamente, con la contra de las viejas, porque salían "mal habladas" por el chusmaje.
Volviendo al asunto, al final de la tarde retornamos a la casa, que justamente era enfrente a la calle lateral de la Jefatura de Policía, donde el gurí había dejado sus cosas.

- ¡Ya vuelvo! dijo y partió contento.

A los cinco minutos aparece con su mochila (grande che) y... una guitarra!!!


En el momento en que llegó nosotros estábamos en el pátio, el tuerto Anibal se estaba bañando.



El negro Valderrama, que preparaba el vigésimo mate del día se quedó parado, mirándolo, cuando escuchó que las gurisas le preguntaban si sabía tocar.


El muchacho, muy modesto, dice: Un poquito.


- ¡Uuuhhh!!! dijo el Pincha Adler.


Yo me quedé quieto, porque todos los gurises sabíamos agarrar una guitarra y arañar alguna cosita y pensaba que este sería igual.Hermanos!!! Ni les cuento!!! El tal de Daniel era una mezcla de Luis Alberto Spinetta, con Paco de Lucía, tocaba una barbaridad y “pa' completarla” cantaba muy bien, tenía la voz semejante a la de Bruce Springsteen.


Las gurisas se enloquecieron, pidieron una música atrás de outra y el chango no mezquinaba estilos, del rock a la balada, pasando por el folklore. El tipo tocaba y cantaba todo!!

El tuerto salió del baño con una tohalla a la cintura, sacudiéndose el agua de su renegrida y tupida cabellera. Sonriente, como siempre, le dice: Tocá “Hasta siempre Comandante” hermano. ¿Lo sabés?

- ¡Sí, claro! Dijo el gurí y comenzó a cantar:

“Aprendimos a quererte

Desde la histórica altura

Donde el sol de tu bravura

Le puso un cerco a la muerte...”

Y mientras entraba a la habitación, cantando también, para ponerse la ropa grita: ¡Vení “Pincha” haceme un favor hermano!

Y el muchacho seguía:

“Aquí se queda la clara,

La entrañable transparencia,

De tu querida presencia

Comandante Che Guevara...”

El Pincha salió con una bolsa de mercado y seis botellas vacías, diciendo que iba a traer unas cervecitas bien heladas.

“Tu mano gloriosa y fuerte

Sobre la historia dispara

Cuando toda Santa Clara

Se despierta para verte...”

Eran tiempos de rebeldía y revolucionarios, por eso nosotros y las gurisas cantabamos acompañando a Daniel...

“Vienes quemando la brisa

Con soles de primavera

Para plantar la bandera

Con la luz de tu sonrisa...”

Y el Tuerto, ya vestido, con um jeans Wrangler y una de sus características remeras negras Lacoste (de izquierda pero a la moda burguesa), acompañaba animadamente...

“Tu amor revolucionario

Te conduce a nueva empresa

Donde esperan la firmeza

De tu brazo libertario...”

“Seguiremos adelante

Como junto a ti seguimos

Y con Fidel te decimos:

¡Hasta siempre Comandante!”

Y cuando todos comenzábamos a repetir el estribillo suena el teléfono de la casa.

¡Riiiiing! ... ¡Riiiiing! ... ¡Riiiiing!

- Com lo de Aníbal. Atiende el Negro Valderrama. ¿Quién?... ¡Ah sí, sí! Soy yo el Negrito. ¿Cómo le va Doña Sara?... Ya se lo paso... Che, Aníbal, es tu mamá...

- Ya voy –dijo el tuerto y caminó para el teléfono

- Hola mamita! ¿Cómo estás viejita? ... ¿Qué?... ¿Cuándo?... ¿Con la tía Ruth y Raquel?... ¿En el TATA de esta noche a las 23,30?... ¡Pero claro que hay lugar mami!... No mamá, la casa no está hecha um despelote... Sí... sí, vos no te preocupés, va a estar todo arreglado... No te preocupés, te voy a estar esperando, un beso mamita, chau.

El tuerto vuelve para el patio com cara de preocupación y enseguida le pregunto si hay algún problema, entonces, muy apesumbrado dice:

- Se acabó el verano Gringo, y se nos acabó para todos, mi vieja junto con mi tía y mi prima están viniendo de Paraná hoy a la noche, llegan en el TATA de esta noche a las once y media.

Me agarró de sorpresa la noticia pero igualmente me quedé callado. Enseguida, con una mirada extremamente triste lo encara a Daniel y le dice: - Perdoname hermano, pero no voy a poder cumplir la invitación que te hice, mi vieja es muy jodida y sobre todo con los que no conoce.

- No te preocupes conmigo –dijo Daniel.

Aníbal siguió: -Y ustedes también muchachos, me tienen que ayudar a acomodar la casa y después cada uno tomar su rumbo.

- Pero claro hermano. –Dijeron todos.

- Ustedes no precisam gurisas, el quilombo acá es nuestro y nosotros lo vamos a arreglar ustedes vayan a sus casas, a la noche nos encontramos por ahí o las llamamos. ¿Sí?. Con el único que estoy preocupado es con Daniel que no tiene donde quedarse.

- Yo me arreglo –dijo Daniel- mis cosas están en la mochila, todavía es de día y puedo continuar mi viaje.

- Ya sé –dijo el tuerto- ¿Gringo, por qué no lo ayudás a Danielito? Llevalo com la chata hasta la garita de la policía y pediles que lo pongan en un camión, porque si va solo no le van a dar pelota, pero si vos los hablás lo ayudan. ¿Lo llevás?

- Pero claro, yo estoy listo. Dije. ¿Vamos Daniel?

Daniel se despidió de todo el mundo, colocó sus cosas en la camioneta y lo llevé hasta la garita Sur.

Hablé con los moros y en el tiempo que duró apretarle la mano para desearle buen viaje, los milicos ya pararon un camión y le pidieron que lo llevara hasta Gualeguaychú.

Volví a la casa y la vagancia estaba tomando cerveza y riéndose a las carcajadas, ahora podía desahogarme y preguntar lo que tenía embuchado:

- Che Aníbal, ¿qué história rebuscada es esa que te mandaste? Si tu vieja está paseando en la casa de tu tía Ruth en París y que yo sepa tu prima Raquel vive em Israel.

Y el tuerto, con aquella sonrisa malvada que tenía cuando había hecho una de las suyas dice: - Lo mandé al Pincha a comprar cerveza pero también a que llamara desde el teléfono público del supermercado... ¿Vos te pensás que lo puedo dejar en casa a un tipo que toca la guitarra como él? ¿No le viste las caras a las gurisas? ¡Todas alborotadas! ¡Pero que se vaya a la puta ese porteño culo corto!

Y todos: ¡jua jua jua jua jua!