miércoles, 21 de octubre de 2009

Pase, abono, boleto!


Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares


Un viernes, al final de la tarde, volvíamos de “El Ancla”, una popular playa de río que quedaba en Olivos, no tengo la menor idea si todavía existe o si fue “privatizada”.


Es curioso como la mayoría de las playas populares de Buenos Aires fueron robadas del pueblo, y obsequiadas a “yatching” clubes, a la Prefectura, a la Marina, a clubes de remo etc.


Con la honrosa excepción de San Fernando, donde el “Nene” Viviant recuperó el río para la gente, en el resto de las playas bonaerenses parece una especie de conjuración maligna: “¡Ustedes no tienen derecho a mirar el río, quédense de espaldas a él!!”.



Bueno, mejor volvemos a la historia.


Eramos jóvenes, algunos estudiantes, otros trabajadores temporales y muchos atorrantes. El grupo era nutrido y divertido.


Retornábamos para nuestro barrio adoptivo, en la calle Maipú abajo, y entre tantos personajes se encontraba “Pirulo”, famoso vendedor de choripán y tómbola en la cancha de Tigre.


“Pirulo” era lo que se conoce como “un busca”, lleno de picardías argentinas, que algunos llaman de avivadas.


É iba a “El Ancla” para divertirse pero, principalmente, para rebuscársela.


Aprovechava la ida para llevar una caja de cubanitos rellenos con dulce de leche, que colocaba en una bandeja para vender en la playa.


Después de las ventas se relajaba jugando un picadito y al final, como casi todos, tomando un Zumuva bien helado. ¿Será que todavía se vende?


Nos tomábamos el tren del Ramal Tigre del Mitre, para ir y volver.




Algunos sacaban boleto, otros no.


Los que no lo hacían miraban para saber dónde estaba el guarda y se iban corriendo cada vez más al frente o al fondo del tren.


Les dije que era un viernes por la tarde, así que el Mitre venía lleno de pasajeros y eso dificultaba la acción del guarda, que se deslocaba picando los pasajes mientras con voz firme, sin llegar a ser un grito, decía:


¡Pase, abono, boleto! ¡Pase, abono, boleto!


Si no estoy engañado,

los pases eran para la policía, los empleados del ferrocarril, los jubilados y los que tenían necesidades especiales. A estos, que eran pasajeros de todos los días, el guarda siempre los conocía y raramente les pedía el pasaje.


Los abonos eran boletos que se sacaban por quincena o mensualmente y eran los que más trabajo le daban al guarda, porque el espacio para picar el boleto era muy pequeño, además el papel del pase no era muy duro y todo eso hacía con que el guarda perdiese mucho tiempo, por eso, la mayoría de las veces no lo pedía.


El boleto no, ese era sagrado, te lo pedía siempre y te lo picaba parecía que hasta con rabia: tick-tack , tick-tack!!!-

Yo había sacado boleto ida y vuelta y venía sentado, como quien mira para adelante. Los que no habían sacado pasaje estaban de pie mirando para atrás, vigilando al guarda.


Cuando éste entra en nuestro vagón, los muchachos se deslocan para el siguiente, menos Pirulo que se queda tranquilo como un estanque.


Viene el guarda pidiendo: ¡Pase, abono, boleto! Hasta colocarse frente a Pirulo.


Y Pirulo, serio, echa mano al bolsillo mientras dice: ¡Abono!


- Por favor, me muestra el abono. Dijo el guarda.


- No señor, no tengo. Dice Pirulo.


- ¿Y entonces cómo me dice “abono”? Replica el ferroviario.


Hubo um instante de tensión, um silencio atroz, como si todo el mundo estuviera atento al desarrollo de la acción...


- ¡Abono la multa porque estoy viajando sin boleto!


El tren se sacudía de tantas carcajadas, hasta el guarda se reía tanto que lo dejó ir.

martes, 1 de septiembre de 2009

NO HAY LUGAR

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Era verano en Gualeguay, estación en la cual todos los gualeyos del mundo se juntan.


Así como las anguilas del mundo abandonan el mar y se juntan para reproducirse en el Mar de los Zargazos.

O como los salmones vuelven a los oxigenados rios de la Alaska en que nacieron.


Apenas iniciado el mes de diciembre comienza la migración gualeya a la tierra amada, la Patria chica.

Digo la Patria chica aunque en el corazón de uno se hace grande, porque nosotros somos unidos a la Argentina, por eso de los pactos preexistentes y otras yerbas, pero antes de más nada somos entrerrianos.

Por eso nos agrada mucho más el nombre de Confederación Argentina o de Provincias Unidas del Sur que el de República Argentina.


No sé si fui claro, pero es que nosotros tenemos conciencia de que somos anteriores a la república y que ésta se gestó en nuestro seno.


Bueno, para qué hablar de cosas tan serias en las que uno se acaba perdiendo en divagaciones. Resulta que cierto día, mientras jugábamos al volei de playa.

El negro Valderrama tuvo que abandonar el juego porque era el día que le tocaba hacer el asado.

Nos estaba faltando uno cuando, de repente, aparece un platense que andaba de vacaciones por el litoral. Buena facha, pelo largo, bronceado, sonrisa blanca y fácil.


- ¿Puedo jugar? dijo el muchacho en cuestión.


Lo miramos y nos miramos entre todos, para ver si había alguno que se opusiera, como nadie dijo nada el "Pincha" le dice: - ¡Entrá Hermano! Vos jugás de este lado.

Jugaba bien el vaguito y eso era importante, en realidad la cancha de volei de playa no era como lo es hoy en día en que juegan dos de cada lado, era un juego normal, con seis de cada lado. La muchachada aprovechaba para exibir sus músculos trabajados y sus dotes de campeones y... claro está... las gurisas se sentaban a tomar mate, alentar a uno u otro y aprovechar el momento para ver si después salía algún atraque.


Porque el verbo que más se conjugaba en el estío era "atracar".


Terminado el juego el gurí fue hasta el bar y compró unas cervezas y gaseosas que compartió con la barra. Ahí nomás el negro Valderrama lo convidó a comer el asado y cada uno de nosotros lo saludamos, porque hasta ese momento no sabíamos ni el nombre.


Daniel se llamaba; dijo que era mochilero, que había salido desde La Plata y que tenía como objetivo conocer el Litoral.


Que un camionero que venía a Gualeguay lo levantó en Zárate y que aprovechó para conocer la "Capital de la Cordialidad".


- ¡Ah! Mirá vos! dijo el "tuerto" Anibal , al quien el gurí le había caído simpático porque le hizo ganar el partido de volei. - ¿Eso es lindo, vieron? Es lo que yo quiero hacer pero yendo a Europa. ¿Y tenés experiencia en ese tipo de viaje? ¿Cómo hacés cuando llegás a una ciudad? ¿Dónde te instalás?


El tal de Daniel responde: - Sí, experiência tengo bastante, ya vengo haciendo eso hace dos años, primero fui a Córdoba y todo el Noroeste, hasta Bolivia. El año pasado hice el Sur y volví por Chile, pasando por Mendoza. Este año es el Litoral.


- ¡Pero yo te pregunté dónde te instalás? ¿Dónde te acomodás? Insistía el tuerto.


- Bueno, depende, si hay un camping y el tiempo es bueno armo la carpita. Si no hay, busco una pensión o un albergue de estudiantes o un hotelucho barato. Pero cuando llego a uma ciudad siempre voy primero a la comisaría, me informo y les pido permiso para dejar momentaneamente la mochila con mis cosas. Eso también es una jugada porque evita que la policía me mire como sospechoso de cualquier cosa.

- Te das cuenta hermano -dijo el tuerto- el gurí sabe hacer las cosas. ¿Y dónde te vas a quedar ahora?

- Pensaba quedarme en el camping del balneario, por dos días apenas, pero ya no hay más lugar, voy a ver si encuentro algún hospedaje por ahí, caso contrario me tendré que ir antes que se haga de noche.


- Pero no hermano, quedate en casa, un lugarcito te vamos a hacer. ¿No gringo? Dijo dirigiéndose a mí.


- ¡Seguro!
Le respondí.


Acá voy a hacer un aparte, yo ya les conté que la vagancia mas fina de Gualeguay se instalaba en la casa del tuerto Anibal, cuyo padre había fallecido y su madre, viuda, se mudara para Paraná. Además de este redactor, allí también se quedaban el “Pincha” Adler, el “Negro” Valderrama, el “Gallego” Arana, el “Patita” Espinoza y el “Rengo” Capitán, entre otros. La casa era grande y durante el verano era pura fiesta. Las gurisas visitaban la casa cotidianamente, con la contra de las viejas, porque salían "mal habladas" por el chusmaje.
Volviendo al asunto, al final de la tarde retornamos a la casa, que justamente era enfrente a la calle lateral de la Jefatura de Policía, donde el gurí había dejado sus cosas.

- ¡Ya vuelvo! dijo y partió contento.

A los cinco minutos aparece con su mochila (grande che) y... una guitarra!!!


En el momento en que llegó nosotros estábamos en el pátio, el tuerto Anibal se estaba bañando.



El negro Valderrama, que preparaba el vigésimo mate del día se quedó parado, mirándolo, cuando escuchó que las gurisas le preguntaban si sabía tocar.


El muchacho, muy modesto, dice: Un poquito.


- ¡Uuuhhh!!! dijo el Pincha Adler.


Yo me quedé quieto, porque todos los gurises sabíamos agarrar una guitarra y arañar alguna cosita y pensaba que este sería igual.Hermanos!!! Ni les cuento!!! El tal de Daniel era una mezcla de Luis Alberto Spinetta, con Paco de Lucía, tocaba una barbaridad y “pa' completarla” cantaba muy bien, tenía la voz semejante a la de Bruce Springsteen.


Las gurisas se enloquecieron, pidieron una música atrás de outra y el chango no mezquinaba estilos, del rock a la balada, pasando por el folklore. El tipo tocaba y cantaba todo!!

El tuerto salió del baño con una tohalla a la cintura, sacudiéndose el agua de su renegrida y tupida cabellera. Sonriente, como siempre, le dice: Tocá “Hasta siempre Comandante” hermano. ¿Lo sabés?

- ¡Sí, claro! Dijo el gurí y comenzó a cantar:

“Aprendimos a quererte

Desde la histórica altura

Donde el sol de tu bravura

Le puso un cerco a la muerte...”

Y mientras entraba a la habitación, cantando también, para ponerse la ropa grita: ¡Vení “Pincha” haceme un favor hermano!

Y el muchacho seguía:

“Aquí se queda la clara,

La entrañable transparencia,

De tu querida presencia

Comandante Che Guevara...”

El Pincha salió con una bolsa de mercado y seis botellas vacías, diciendo que iba a traer unas cervecitas bien heladas.

“Tu mano gloriosa y fuerte

Sobre la historia dispara

Cuando toda Santa Clara

Se despierta para verte...”

Eran tiempos de rebeldía y revolucionarios, por eso nosotros y las gurisas cantabamos acompañando a Daniel...

“Vienes quemando la brisa

Con soles de primavera

Para plantar la bandera

Con la luz de tu sonrisa...”

Y el Tuerto, ya vestido, con um jeans Wrangler y una de sus características remeras negras Lacoste (de izquierda pero a la moda burguesa), acompañaba animadamente...

“Tu amor revolucionario

Te conduce a nueva empresa

Donde esperan la firmeza

De tu brazo libertario...”

“Seguiremos adelante

Como junto a ti seguimos

Y con Fidel te decimos:

¡Hasta siempre Comandante!”

Y cuando todos comenzábamos a repetir el estribillo suena el teléfono de la casa.

¡Riiiiing! ... ¡Riiiiing! ... ¡Riiiiing!

- Com lo de Aníbal. Atiende el Negro Valderrama. ¿Quién?... ¡Ah sí, sí! Soy yo el Negrito. ¿Cómo le va Doña Sara?... Ya se lo paso... Che, Aníbal, es tu mamá...

- Ya voy –dijo el tuerto y caminó para el teléfono

- Hola mamita! ¿Cómo estás viejita? ... ¿Qué?... ¿Cuándo?... ¿Con la tía Ruth y Raquel?... ¿En el TATA de esta noche a las 23,30?... ¡Pero claro que hay lugar mami!... No mamá, la casa no está hecha um despelote... Sí... sí, vos no te preocupés, va a estar todo arreglado... No te preocupés, te voy a estar esperando, un beso mamita, chau.

El tuerto vuelve para el patio com cara de preocupación y enseguida le pregunto si hay algún problema, entonces, muy apesumbrado dice:

- Se acabó el verano Gringo, y se nos acabó para todos, mi vieja junto con mi tía y mi prima están viniendo de Paraná hoy a la noche, llegan en el TATA de esta noche a las once y media.

Me agarró de sorpresa la noticia pero igualmente me quedé callado. Enseguida, con una mirada extremamente triste lo encara a Daniel y le dice: - Perdoname hermano, pero no voy a poder cumplir la invitación que te hice, mi vieja es muy jodida y sobre todo con los que no conoce.

- No te preocupes conmigo –dijo Daniel.

Aníbal siguió: -Y ustedes también muchachos, me tienen que ayudar a acomodar la casa y después cada uno tomar su rumbo.

- Pero claro hermano. –Dijeron todos.

- Ustedes no precisam gurisas, el quilombo acá es nuestro y nosotros lo vamos a arreglar ustedes vayan a sus casas, a la noche nos encontramos por ahí o las llamamos. ¿Sí?. Con el único que estoy preocupado es con Daniel que no tiene donde quedarse.

- Yo me arreglo –dijo Daniel- mis cosas están en la mochila, todavía es de día y puedo continuar mi viaje.

- Ya sé –dijo el tuerto- ¿Gringo, por qué no lo ayudás a Danielito? Llevalo com la chata hasta la garita de la policía y pediles que lo pongan en un camión, porque si va solo no le van a dar pelota, pero si vos los hablás lo ayudan. ¿Lo llevás?

- Pero claro, yo estoy listo. Dije. ¿Vamos Daniel?

Daniel se despidió de todo el mundo, colocó sus cosas en la camioneta y lo llevé hasta la garita Sur.

Hablé con los moros y en el tiempo que duró apretarle la mano para desearle buen viaje, los milicos ya pararon un camión y le pidieron que lo llevara hasta Gualeguaychú.

Volví a la casa y la vagancia estaba tomando cerveza y riéndose a las carcajadas, ahora podía desahogarme y preguntar lo que tenía embuchado:

- Che Aníbal, ¿qué história rebuscada es esa que te mandaste? Si tu vieja está paseando en la casa de tu tía Ruth en París y que yo sepa tu prima Raquel vive em Israel.

Y el tuerto, con aquella sonrisa malvada que tenía cuando había hecho una de las suyas dice: - Lo mandé al Pincha a comprar cerveza pero también a que llamara desde el teléfono público del supermercado... ¿Vos te pensás que lo puedo dejar en casa a un tipo que toca la guitarra como él? ¿No le viste las caras a las gurisas? ¡Todas alborotadas! ¡Pero que se vaya a la puta ese porteño culo corto!

Y todos: ¡jua jua jua jua jua!


viernes, 17 de julio de 2009

¿OTRO BIZCOCHO?

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Le decían "loco" a Boletti, aunque nunca supe por qué. Era uno de esos personajes maravillosos que siempre sabe tener Gualeguay.

Hombre de principios, franco y directo para conversar no tenía pelos en la lengua. Era amigo de mi viejo y, por herencia, continué la amistad. Peronista hasta el tutano, ni en plena dictadura militar retiró los afiches del "tío" Cámpora que él mismo había pegado en su taller mecánico en 1973.

Era un excelente electricista de autos, y tenía su taller en la entrada de Gualeguay, sobre la ruta, frente a la YPF de las cinco esquinas. Pero lo que más le gustaba era pescar, por eso no era raro que cerrara el taller por varios días para dedicarse a su pasatiempo.

Estaba yo, cierta mañana, tomando unos mates con Boletti cuando llega, rateando y haciendo contraexoplosiones, un auto con patente de Buenos Aires.


En el auto venía un señor de mediana edad con una mujer y un gurí. El hombre se bajó y dirigiéndose a Boletti (que estaba de overol) le pregunta si era el electricista.

-¡Sí señor! -dijo- ¿Qué necesita?

- Mire -respondió el hombre- el auto me viene fallando y creo que es un problema eléctrico.

- Bueno, vamos a verlo.

Abrió el capó y le pidió al hombre que lo arrancara, esté así lo hizo y Boletti comenzó a hacer o medir alguna cosa, cantarolando, como acostumbraba. Casi instantaneamente el dueño del auto se bajó y comenzó a hablar sin parar, diciendo:

- Sabe señor, yo creo que puede ser que las bujías se hayan tapado con aceite, porque este auto está un poco mal de aros y se le junta aceite a la combustión y eso ensucia las bujías. Si Ud. las saca a las bujías con certeza va a ver que están empapadas de aceite, ahí si las limpia un poco y les da la abertura correcta puede ser que le mejore la chispa...


(Boletti lo miraba, mientras me pedía un mate)


Y el hombre seguía: -O también puede ser que se haya mojado la tapa del distribuidor, porque de mañana temprano llovía en la ruta... y pensando bien, ahora que me acuerdo, creo que el auto comenzó a fallar después que pasé por un gran charco de agua que se había formado en la ruta... Sí, sí, seguramente puede haber sido eso...

(Boletti tomó el mate y me lo devolvió, mientras seguía mirando al hombre)

Y el tipo continuaba: - Si fue eso lo que hay que hacer es secar la tapa y después pasarle por adentro una estopa embebida en nafta, después tiene que esperar que se seque y listo.

Boletti sacó el aparato con el que estaba haciendo testes y sentándose a mi lado me dice: -¡Dame otro mate Gringo!


Y el porteño no paraba: -Aunque a veces sucede que algún cable de la bujía puede estar haciendo mal contacto, porque se resecan y se quiebran, vio? y bla... bla... bla...

Boletti fue adentro, trajo unos bizcochos, me convidó a mí y al hombre y me dice: -Dame el termo Gringo que yo lo sigo. Y se puso a cebar mate.

El tipo, que ya había mordido medio bizcocho, para de masticar, traga, se aclara la voz y medio preocupado dice:
- ¿Y jefe?


-Y ¿qué? -responde Boletti.


- ¿Me lo va a arreglar? ¿Qué tiene el auto?

- No sé lo que tiene (respondió Boletti) no terminé de revisarlo, pero ni falta que hace porque usted, compañero, sí que sabe. Ahí tiene las herramientas, uselás, arregleseló Ud. mismo, yo voy a seguir tomando mate, si necesita algún repuesto llame a lo Mioniz, el número es el del almanaque que está el lado del teléfono.

Y mostrando su mejor sonrisa le dice: ¿Otro bizcocho?

viernes, 29 de mayo de 2009

La confesión

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Después de tanto tiempo les voy a revelar el gran secreto de las crías cambiadas de la perrita campeona. Añadir imagen

Al lado de la casa de mi madrina Estela vivía una vecina muy engrupida, tenía más “humos” que telegrama de indio, asquerosa como pocos, “la créida” le decían en el barrio.

Esta mujer, vamos a llamarla Ñata, tenía una perrita “Luli”, de esas perras de “madame” de raza caniche, con más diplomas y certificados de vacuna que cualquiera de los gurises del barrio. La Velcha decía a respecto: “Es una cosa que yo no zé, una barbaridá el cuidao que tienen con ese animal, imaginensé que pa’ tosquearla la llevan a Güenos Aires”.

Yo era gurí ya entrando en la adolecencia, la edad del pavo que le dicen, y había ido a comer a la casa de la madrina, que era apenas a una cuadra de casa. Siempre que preparaba un locro, una carbonada o un guiso de lentejas con chorizo colorado ella me llamaba, porque sabía que a mí me encantaban esas cosas.

Llegué temprano a la casa de mi madrina y me puse a jugar con el “negrito”, el perro de ella. Nuestra familia siempre fue muy original para ponerle nombre a los animales, el mío, por ejemplo, se llamaba “perro”. El “negrito”, perro vagabundo de raza “junta pulgas”, como su nombre lo indicaba, era negro y chiquito, pero su principal característica era la de ser fiero. Imagínense un perro bien fulero... sí?... le erraron lejos, el “negrito” se parecía con el Maestro Jedi Yoda de la Guerra de las Galaxias. Estaba en la puerta chacoteando con el perro cuando llega la vecina en un taxi, con la caniche. Se bajó del auto y no me dijo nada. Quiero dejar claro que la mujer ni siquiera me miró. Pasó con la nariz para arriba sin darme un miserable buen día. Entró en la casa cerró la puerta y listo. Unos minutos después escucho que atiende el teléfono, que estaba cerca de la ventana que daba a la calle, ella hablaba alto y el diálogo era más o menos así:

- Con lo de la Ñata!
- .....?
- No me digás!!! Lo conseguiste??? No te puedo creer!!!
- .....?
- Pero claro que está alzada!!!
- .....?
- Pero te digo que sí, acabo de llegar del veterinario, está en pleno celo.
- ....?
- Bueno, entonces mañana la llevo a Paraná para cruzarla. Paso por tu casa primero. Gracias amiga. Te voy a quedar debiendo para siempre!!! Chau, chau querida y gracias de nuevo!!!

Y acto seguido le decía a alguien en la casa:

- La Petu me consiguió el perro del Doctor Urquiza, aquél que salió campeón de la raza, en Paraná, para cruzarlo con la “Luli”. Me vas a llevar no? Ay! No lo puedo creer y bla bla bla.

Bueno, fue en ese momento que se me ocurrió la idea. Son esas cosas de chiquilín que te pasan por la cabeza sin ningún otro motivo que hacer alguna maldad.

El locro estaba una delicia, comí mucho y charlé bastante de fútbol con el marido y el hijo de la madrina. Terminado el almuerzo ella lavó los platos rapidito y después, como buenos entrerrianos todos nos fuimos a siestear.

Cuando yo me quedaba allá me dabanel cuarto de huéspedes, que quedaba en la planta alta. Era un lindo cuarto, que tenía entrada por dentro de la casa y una puerta ventana con salida a la terraza, por la cual también se podía subir de afuera.

Apenas subí abrí la puerta ventana y lo llamé al “negrito”. Esperé un rato largo y en el silencio de la siesta me levanté. Saqué una soga de colgar ropa que estaba en la terraza y con mi cinturón le hize un arnés al “negrito”. Lo amarré con la cuerda y se lo bajé hasta el patio del fondo de la vecina, donde estaba la caniche “Luli”.

Qué graaande el “negrito”!!! Casi sin presentación, una movidita de cola, unas vueltitas, una meadita y le hizo el servicio.

El tiempo en ese momento demoró. Los perros estaban abotonados y parecía que el tiempo no pasaba nunca. Cuando el negrito se soltó lo subí rápidamente, lo desaté y me fui a la cama a disfrutar los hechos.

Tiempo después contaba la madrina lo que parecía ser un caso extraño. Decía que cuando la perrita de al lado tuvo cría, le nacieron tres cachorritos de los cuales dos eran negros y tan fieros que nadie lo podía explicar. Que la vecina gritaba y zapateaba tanto que la tuvieron que sedar.
-Sabés una cosa Angelito? Me dijo la madrina
- Qué? Le respondo, poniendo mi mejor cara de santo.
- Yo los vi a los cachorritos y uno de ellos era igualito al “negrito” cuando chiquito.
- No me digás? Dije, haciéndome el sorprendido.
- Sí, pero no puede ser porque la caniche nunca salió y el “negrito no puede bajar por la terraza.
- Ah no!! Por la terraza no podría nunca!!!
Y en su ingenuidad ella dice: - Yo creo que la caniche era enamorada del “negrito” ella y él siempre se miraban del patio a la terraza, entonces ha sido una especie de antojo de la “Luli” de tanto desearlo al “negrito”.
- Sí, sí, ha de haber sido eso. Tenés razón madrina!

domingo, 17 de mayo de 2009

El gallito pisador

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Cierto 17 de octubre, para mi cumpleaños, mi padrino, el Angelito, que vivía conmigo en casa, me trajo de regalo un gallo-gallino de color ceniza (o cenizo) con seis gallinas de la misma raza, todos de primera línea.

El Angelito era apasionado por las riñas de gallos y siempre quería incentivarme a entrar en ese submundo. A mí me encantaban los gallos de pelea, pero más por su belleza y altivez que por su propósito. Yo nunca admitiría que un animal mío entrase en combate para ser lastimado.

El gallo en cuestión era un ganador muy conocido en el ambiente, que estaba tuerto, pues había perdido un ojo en su última pelea, en la que mató un gallo uruguayo ganador del Tres Naciones.



Decían, las malas lenguas, que mi padrino lo había robado en el Paraguay de un criador peruano. Pero yo sé que no es verdad, porque el Angelito siempre fue un gran criador de gallos “ráculos” o gallinos.

Los gallos-gallinos son una variedad del assil, de origen asiáticos, probablemente de Irán, las patas no son redondas, si no rectangulares, su principal característica es que no tienen cola de gallo, le faltan las plumas barbatanas, por eso su cola se parece con la cola de una gallina. Pero son feroces, agresivos, pendencieros, mal intencionados y arrebatadores. Se hacen como los que no quieren nada y de repente... paf!!! Te pegan una estocada terrible y mortal.









Solté el gallo y las gallinas en el jardín de la chacra, que era muy grande, con una hermosa gramilla y muchos árboles, sin canteros de flores, porque daban mucho trabajo.


No lo puse en el gallinero porque no quería que el de riña me matara un hermoso gallo Sussex reproductor, que tenía para mejorar mis gallinas de campo.




Hacía poco tiempo que habíamos comprado la chacra vecina, para hacer un projecto de criaderos de pollos. A esa chacra, que tenía una buena casa, se fue a vivir mi primo Carlos con su esposa.



El dueño anterior había salido, llevando todas sus cosas menos un gallito de raza Leghorn que no pudo atrapar.

Los Legohrn son de una raza de aves ponedoras, blancos, pequeños y leves, con la cresta muy colorada. Son muy activos y voladores, cuando criados a campo yo mismo los he visto volar más de 50 ó 60 metros.


A los dos días de la partida de Barralde, el dueño anterior, llegó mi primo Carlos a la casa. El gallito andaba muerto de hambre, así, cuando mi primo le tiró un poco de maíz, consiguió meterlo en el gallinero.

Se construyeron dos grandes galpones, cada uno para 20.000 pollos y nos estábamos preparando para dar inicio a la producción. Pero una de las condiciones principales para criar pollos es que no haya gallinas comunes cerca, porque le pueden transmitir enfermedades.


Así siendo, mi primo me dice: - Llevate el gallito blanco que hace como tres meses que está solo en el gallinero y acá no sirve para nada, ni siquiera para comerlo porque es muy chiquito.

-Bueno, le digo, agarralo y dameló que lo llevo a la otra casa, se lo voy a regalar al “tarta” Cazaretto.

Lo llevé a casa y justo el “tarta” había salido a hacer unas compras, entonces le digo al Angelito: -Padrino, guardemé este gallito hasta que venga Cazaretto, que se lo voy a regalar.

Tendría que haberle visto la luz en los ojos al padrino, pero en ese instante, apurado como siempre, no me di cuenta. Me fui para adentro de la casa y cuando estaba cebándome el primer mate me desperté.

El padrino era como los chicos y apenas le di el gallito le desató las patas y lo soltó en el jardín, con la única intención de ver al ceniza campeón en acción.

-Noooooo padrino!!! Le grité. Pero ya era tarde.

El ceniza matador estaba en el jardín de espaldas y el gallito blanco, cuando vio tantas gallinas, se fue directo al humo.


Había que entender su necesidad después de tres meses preso en soledad.


Corriendo, con las alitas medio abiertas y bajas, montó como venía la que parecía ser la primera gallina... que no era otro que el gallo-gallina matador!!!

Al sentirse pisado el gallo ceniza se dio vuelta y le pegó un guachazo tan grande que lo mandó unos cinco metros para atrás.

Era un revuelo de plumas blancas!!!





Pero claro, no lo mató, porque los gallos de riña tienen su espuelas cortadas para calzarles las púas de acero.



El Legorhn no se dio por aludido, a pesar del tremendo golpe el atrevido se acomodó y erizó las plumas para el combate.

El matador corrió y le pegó un segundo golpe, en el aire.

Tan fuerte que lo hizo pasar para el otro lado de la cerca de alambre tejido.

Y ahí se acabó la pelea porque uno quedó de un lado y otro del otro.

Ustedes capaz que no me creen, pero la escena era muy graciosa.

El matador picaba y golpeaba la cerca repetidas veces.

Había un odio mortal en sus ojos, parecía que decía:

- Te voy a matar!!!

Ya el blanquito, del otro lado, sabiendo que el otro no podía pasar, echaba la cabeza para atrás y de lado, tipo malevo y gozador, golpeaba sus alas desafiadoramente, caminando de lado, como diciendo:

- Sí, sí, lo que quieras, pero no fue empate...

Vos me habrás pegado unos golpes...
Pero yo te pisé!!!
Te pi-sé ! Te pi-sé!! Te pi-séééééé!!!

Quién te manda a tener esa pinta de trolo!!!