domingo, 17 de mayo de 2009

El gallito pisador

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Cierto 17 de octubre, para mi cumpleaños, mi padrino, el Angelito, que vivía conmigo en casa, me trajo de regalo un gallo-gallino de color ceniza (o cenizo) con seis gallinas de la misma raza, todos de primera línea.

El Angelito era apasionado por las riñas de gallos y siempre quería incentivarme a entrar en ese submundo. A mí me encantaban los gallos de pelea, pero más por su belleza y altivez que por su propósito. Yo nunca admitiría que un animal mío entrase en combate para ser lastimado.

El gallo en cuestión era un ganador muy conocido en el ambiente, que estaba tuerto, pues había perdido un ojo en su última pelea, en la que mató un gallo uruguayo ganador del Tres Naciones.



Decían, las malas lenguas, que mi padrino lo había robado en el Paraguay de un criador peruano. Pero yo sé que no es verdad, porque el Angelito siempre fue un gran criador de gallos “ráculos” o gallinos.

Los gallos-gallinos son una variedad del assil, de origen asiáticos, probablemente de Irán, las patas no son redondas, si no rectangulares, su principal característica es que no tienen cola de gallo, le faltan las plumas barbatanas, por eso su cola se parece con la cola de una gallina. Pero son feroces, agresivos, pendencieros, mal intencionados y arrebatadores. Se hacen como los que no quieren nada y de repente... paf!!! Te pegan una estocada terrible y mortal.









Solté el gallo y las gallinas en el jardín de la chacra, que era muy grande, con una hermosa gramilla y muchos árboles, sin canteros de flores, porque daban mucho trabajo.


No lo puse en el gallinero porque no quería que el de riña me matara un hermoso gallo Sussex reproductor, que tenía para mejorar mis gallinas de campo.




Hacía poco tiempo que habíamos comprado la chacra vecina, para hacer un projecto de criaderos de pollos. A esa chacra, que tenía una buena casa, se fue a vivir mi primo Carlos con su esposa.



El dueño anterior había salido, llevando todas sus cosas menos un gallito de raza Leghorn que no pudo atrapar.

Los Legohrn son de una raza de aves ponedoras, blancos, pequeños y leves, con la cresta muy colorada. Son muy activos y voladores, cuando criados a campo yo mismo los he visto volar más de 50 ó 60 metros.


A los dos días de la partida de Barralde, el dueño anterior, llegó mi primo Carlos a la casa. El gallito andaba muerto de hambre, así, cuando mi primo le tiró un poco de maíz, consiguió meterlo en el gallinero.

Se construyeron dos grandes galpones, cada uno para 20.000 pollos y nos estábamos preparando para dar inicio a la producción. Pero una de las condiciones principales para criar pollos es que no haya gallinas comunes cerca, porque le pueden transmitir enfermedades.


Así siendo, mi primo me dice: - Llevate el gallito blanco que hace como tres meses que está solo en el gallinero y acá no sirve para nada, ni siquiera para comerlo porque es muy chiquito.

-Bueno, le digo, agarralo y dameló que lo llevo a la otra casa, se lo voy a regalar al “tarta” Cazaretto.

Lo llevé a casa y justo el “tarta” había salido a hacer unas compras, entonces le digo al Angelito: -Padrino, guardemé este gallito hasta que venga Cazaretto, que se lo voy a regalar.

Tendría que haberle visto la luz en los ojos al padrino, pero en ese instante, apurado como siempre, no me di cuenta. Me fui para adentro de la casa y cuando estaba cebándome el primer mate me desperté.

El padrino era como los chicos y apenas le di el gallito le desató las patas y lo soltó en el jardín, con la única intención de ver al ceniza campeón en acción.

-Noooooo padrino!!! Le grité. Pero ya era tarde.

El ceniza matador estaba en el jardín de espaldas y el gallito blanco, cuando vio tantas gallinas, se fue directo al humo.


Había que entender su necesidad después de tres meses preso en soledad.


Corriendo, con las alitas medio abiertas y bajas, montó como venía la que parecía ser la primera gallina... que no era otro que el gallo-gallina matador!!!

Al sentirse pisado el gallo ceniza se dio vuelta y le pegó un guachazo tan grande que lo mandó unos cinco metros para atrás.

Era un revuelo de plumas blancas!!!





Pero claro, no lo mató, porque los gallos de riña tienen su espuelas cortadas para calzarles las púas de acero.



El Legorhn no se dio por aludido, a pesar del tremendo golpe el atrevido se acomodó y erizó las plumas para el combate.

El matador corrió y le pegó un segundo golpe, en el aire.

Tan fuerte que lo hizo pasar para el otro lado de la cerca de alambre tejido.

Y ahí se acabó la pelea porque uno quedó de un lado y otro del otro.

Ustedes capaz que no me creen, pero la escena era muy graciosa.

El matador picaba y golpeaba la cerca repetidas veces.

Había un odio mortal en sus ojos, parecía que decía:

- Te voy a matar!!!

Ya el blanquito, del otro lado, sabiendo que el otro no podía pasar, echaba la cabeza para atrás y de lado, tipo malevo y gozador, golpeaba sus alas desafiadoramente, caminando de lado, como diciendo:

- Sí, sí, lo que quieras, pero no fue empate...

Vos me habrás pegado unos golpes...
Pero yo te pisé!!!
Te pi-sé ! Te pi-sé!! Te pi-séééééé!!!

Quién te manda a tener esa pinta de trolo!!!

viernes, 15 de mayo de 2009

MI LOCO

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Después de muchos años de lucha fui agraciado con un empleo en la Cámara de Diputados de la Nación. La función para la que fui investido era de Asesor Secretario del Presidente de la Comisión de Vivienda.

El Presidente era un Diputado
electo por la Provincia de Buenos Aires,


aunque era
entrerriano,

de Rosario del Tala.

Dicen que todos los locos son de Tala
y coincidentemente, el sobrenombre con el cual lo apodaban sus mejores amigos era “Miloco”, palabra que fue inventada por el Gordo Remo, que lo llamaba al principio de “loco mío”, después lo transformó en “mi loco” y finalmente “Miloco”. Aunque había sido electo por el voto bonaerense, nada de eso lo impedía de ser uno de los diputados que más luchaban por Entre Ríos.

Miloco era la escencia del entrerriano, divertido, ingenioso, cojudo, arrebatador, lleno de “chispas”, atrevido y con esa pizca de pícara maldad que tienen todos los “panza verdes”.

En esa época yo había vuelto a estudiar, por la noche cursaba la Facultad de Derecho de la UBA – Universidad de Buenos Aires y alquilaba un departamento en el barrio de Balvanera, que me quedaba cerca del trabajo y de la facultad.

Un sábado por la mañana estaba yo tranquilo en casa cuando suena el teléfono, era el Ministro de Obras Públicas (un sábado!!!) que quería entrar en contacto urgente con el Diputado ya que el Gobierno quería una reunión ese mismo día a la tarde; querían que él asumiese la Presidencia del Banco Hipotecario. Le informé que el Diputado estaba en su estancia en Entre Ríos, pero que de algún modo entraría en contacto.

Me fui hasta la sede de un club de radioaficionados y desde allí conseguí comunicarme con “Miloco”. Me pidió que llamara su chofer y su Jefe de Gabinete y que lo fuéramos a buscar al aerodromo de Don Torcuato, así lo hicimos.

El día era gris y pesado, se aproximaba una tremenda tormenta. A mí siempre me pica la naríz antes de las tormentas y comienzo a estornudar. Cierta vez una profesora me dijo que eso sucede porque el ozonio baja hasta la superfície. Será verdad?

Miloco había llegado rápidamente, vestido como estaba en la estancia, con un pantalón de gabardina beige, camisa azul, y pañuelo de seda al cuello, combinando con la camisa. Botas cortas de carpincho y un cinturón del cual nunca me olvido porque la hebilla era de aquellas que se usan en rastras, de plata, con las iniciales en oro, que el había mandado colocar en un cinto de carpincho muy bien trabajado, hecho por el Bicho Delgado, famoso talabartero de Gualeguay. Les cuento esto porque de tanto admirarle ese cinto él me lo regaló con hebilla y todo.





Subió al auto todavía en la pista (teníamos esa mayordomía) nos saludó a todos con alegría y enseguida nos pidió que lo lleváramos al Banco Hipotecario. En el coche además de nosotros estaban el Mellizo, que era el chofer y el “gallego” Ferrero, Director del Congreso que se desempeñaba como Jefe de Gabinete de la Comisión.

Menos el Diputado, los tres estábamos de traje y corbata.

Paramos el auto en la calle, del lado de afuera, donde el Melli se quedó. Entramos por una puerta lateral y caminamos por los corredores (parece un laberinto), un Secretario nos llevó hasta el gabinete donde nos esperaba el Ministro y dos funcionarios del Banco.

Miloco quería aceptar el cargo pero no le daban libertad total para colocar sus propios colaboradores. La reunión se extendió durante dos largas horas y los pormenores no vienen al caso.

La lluvia se había largado con todo una media hora antes de acabar la reunión. Terminada la misma, uno de los Directores llamó un ordenanza y le pidió que acompañara al Diputado y su secretario hasta la salida.

El ordenanza nos saludó atentamente y después de observarnos de arriba a abajo, dirigiéndose al “gaita” Ferrero le dice: Por favor sígame Señor Diputado.

Yo ya estaba por abrir la boca, pero Miloco se pone un dedo sobre la boca pidiéndome silencio.

Y el tipo seguía: Por aquí Señor Diputado. Cuidado con la escalera Señor Diputado. Yo le abro la puerta Señor Diputado etc

Cuando llegamos a la puerta de salida y la abríó... ay ay ay!!! no les puedo explicar lo que llovía, era un diluvio.

El ordenanza tomó un paraguas enorme, que parecía una sombrilla de playa, y preguntando cuál era el auto, lo abrió y condujo al “gaita” hasta el coche, abriéndole la puerta de atrás.

El mellizo dio una marcha atrás y se colocó bien delante de la puerta, mientras el ordenanza volvía con el paraguas. Llegando, me pasa una mano sobre el hombro para llevarme hasta el coche y dándose vuelta le dice a Miloco: Primero lo llevo al Secretario.

Llegué al coche y el ordenanza volvió. Mientras limpiaba con la mano los vidrios empañados veo que el portero llega al Banco y, entrando, cierra el paraguas. Acto seguido lo veo al Diputado corriendo hasta el auto, donde llegó hecho sopa y muriéndose de risa.

Yo estaba indignado, quería volverme y agarralo a patadas al tipo. Pero Miloco me dice: Dejalo, pobre tipo, cuando se entere de lo que hizo se va a querer morir de vergüenza.

Y yo pregunto: Pero qué pasó? Por qué no te acompaño? Por que lo dejaste que te haga eso?

Y él nos cuenta, dando grandes carcajadas, que el portero llegó y le dijo: Yo allá afuera no vuelvo más hasta que no pare! Así que vos “gordi” mové las bolas y corré hasta el auto porqué te vas a mojar todo!!!

Y jaaaaaaaaa ja ja ja ja!!! No paraba de reírse.

martes, 14 de abril de 2009

VIENE PETER HENRY

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares

Estabamos sentados en el bar Cazote, tomando una cerveza, cuando de repente aparece Margot, siempre alegre e ingeniosa nos saluda dándonos besitos y soplando otros para los que estábamos más lejos.

Después de los “qué tal?” y “cómo andás?” Salió la pregunta de siempre: - Qué novedades tenés?

Y ella dice: Sabés quién viene a Gualeguay? Peter Henry!!!

- No me digás! Le respondo. Cuándo?

- Llega el 15 de febrero directo, de Buenos Aires para Gualeguay, vamos a hacerle una recepción en Tudor (era el boliche de onda, cuyo dueño era el Polvillo).

Como nunca falta un buey corneta, una de las mujeres que estaba sentada en una mesa próxima a la nuestra, de puro chusma, se mete en nuestra conversación y dice: Es verdad que viene Peter Henry a Tudor? Y viene com la banda o va a hacer play-back?

Rápida, como um chijete, Margot, guiñandome un ojo, le responde: Pero por supuesto que viene con la banda!

-Ay qué bárbaro! Dice la metereta y dándose vuelta les chusmea a las otras: Gurisas a que no saben quien viene a Gualeguay? No saben? Viene Peter Henry!!!

-Quién? Responde otra medio fuera de sintonía.

-Peter Henry!!!

- En serio?

- Sí, sí, va a estar en Tudor.

- No lo puedo creer!!! A mí me encanta!!!

Y así se fue corriendo la bola, “Peter Henry en Gualeguay”. Todo el mundo hablaba y comentaba el asunto. En la disquería se volvían locos, porque la gente llegaba y pedía el disco y ellos no lo tenían. Imaginen si en Gualeguay algún comerciante te va a dejar ir sin que llevés nada.

- Se agotó che!!! Pero ya pedí a Buenos Aires. Dejame la seña porque allá también se están acabando. Y después que el cliente salía, rápidamente se ponían a llamar a las distribuidoras y buscaban saber cuál era la grabadora para pedir el disco.

La Veruska, cómplice de la barra, desde la radio colaboraba, anunciando:

- Y este mensaje es para todos los que aprecian la buena música, el sábado 15 de febrero Peter Henry y su banda estará visitando amigos en Gualeguay, Tudor va a quedar chica!!! No te lo pierdas!!! Y ahora, el tema favorito de Peter Henry! Y colocaba Paul Anka cantando My Way! (La memoria me hace unas jugadas, podía ser Tom Jones)


Carita,
que trabajaba en el diario,

comentando espectáculos,

le metía más leña al fuego

escribiendo en su columna:


- Yo voy a estar, y vos?
El sábado voy a ver
a Peter Henry en Tudor.

Qué alboroto hermanos!!!


En Tudor no cabían más que 300 personas

y todos querían entradas.

El 15 llegó Peter Henry, en el Messina (Ciudad de Gualeguay)
Peter Henry, no era otro que el Pedro Henrique,
“Perico” para algunos, Pedrito para la gran mayoría.
Un atorrante gualeyo,
timbero, divertido como pocos,
apreciador de un buen wisky
y conocedor del buen vino.
Y para mejorar, era entonado para cantar.

Habíamos llamado una banda local
que ensayó la música durante dos o tres días
y que afinaba los instrumantos atrás de una cortina
colocada de modo a tapar el pequeño palco.

Pedrito entró por la puerta lateral y
disimuladamente subió al palco.

De atrás de las cortinas comenzó a cantar:

And now the end is near
So I face the final curtain
My friend, I'll say it clear
I'll state my case of which I'm certain


Las cortinas se abrieron y un único reflector
iluminaba la figura del Pedro,
que se había puesto un sombrero.
En el palco y de espaldas él cantaba.

La gente aplaudía a rabiar,
algunas gurisas daban gritos histéricos.
Y el Pedringui continuaba de espaldas...

I've lived a life that's full
I've traveled each and every highway
And more, much more than this
I did it my way


Y ahí se dio vuelta y cuando lo reconocieron no pudo seguir más... Chico despelote se armó!!! Entre las carcajadas de unos y la bronca de otros, había algunos que lo querían matar. Y a nosotros también!!!

Yo me zambullí de cabeza atrás de la barra, junto con otros, algunos de los cómplices se rajaron.

Gran parte de la gente se mataba de risa de su propia estupidez, pero había los que estaban cabreros y hasta hubo algunos que comenzaron a querer quebrar las cosas pero como todo el mundo lo quería al Polvillo, y al Pedrito también, a los pocos los ánimos se fueron calmando. Claro que siempre están los amargos se fueron haciéndose los ofendidos (para no pagar las copas) pero la mayoría no paraba de reírse del esquema que fuera creado.


Y finalmente... Peter Henry cantó en Gualeguay!!!

Ya lo decía el gran Filósofo Dolina: La inteligencia humana es limitada, pero la estupidez no tiene límites.

viernes, 6 de marzo de 2009

OBVIO

Esta historia la recibí así por e-mail y tal como me la mandaron la edité, simplemente porque me encantó. La única cosa que hice fue cambiarle los nombres y los apellidos, si acerté el de alguna familia fue pura casualidad.

Samuel regresaba en tren a su pequeña ciudad de Villa Domínguez (ER) en donde residía, después de haber permanecido durante una semana en Buenos Aires, por razones comerciales.
Frente a él estaba sentado, en el tren, un joven al que nunca había visto.


Samuel, que tenía un carácter muy sociable, rápidamente le entabló conversación al presentarse a sí mismo:


-Mi nombre es Samuel Mandelbaum.


-Mi nombre es Jocobo Horowitz.


Se estrecharon las manos y Samuel le preguntó:


-¿A dónde se dirige usted, Sr. Horowitz?


-A Villa Domínguez.

¿Villa Domínguez? ¡Qué casualidad! Hacia allá también me dirijo yo, pues ahí es donde vivo.


Samuel examinó a Jocobo de pies a cabeza y luego le preguntó:



-¿Usted es casado?



-No.


-¿Vendedor viajante, me imagino?


-No, no.

- Ah! ¿Entonces va a Villa Domínguez por motivos de negocios?


-No. Es apenas una visita social.


-¡Ah sí? ¿Usted tiene parientes en Domínguez?


-No, no tengo.

Entonces Samuel se puso a razonar calladamente de la siguiente forma: si este joven no es casado, no es comerciante viajero, no va por negocios y no tiene parientes en Domínguez. Entonces, ¿Para qué viene a esta ciudad?

Obviamente que viene a visitar a una muchacha para conocer a su familia, y probablemente para confirmar un compromiso matrimonial.

¿Pero quien será esa muchacha?

¿Será de la familia Rabinovich? No puede ser, porque ellos solo tienen una hija que se casó hace seis años.

¿Será de la familia Cohen? Sería un absurdo, pues ellos tienen dos hijos y la hija vive en Israel.

¿Será de la familia Jaján? Casi imposible, porque su única hija solo tiene diecisiete años. Demasiado joven para casarse y su padre no se lo permitiría jamás.

¿Será de la familia Medvetzky? No, porque la gurisa Medvetzky ya está comprometida con el hijo del sastre Melnick.

¿Será de la familia Seltzer? No creo, por que la de Seltzer tiene por lo menos treinta años y ya ha perdido las esperanzas de casarse y de todos modos ella está ahora de visita en lo de su tía Miriam que vive en Basabilvaso.

¿Será de la familia Jaroslasky? Imposible, porque su hija soltera todavía está estudiando en el colegio en Paraná y no podrá venir a su casa hasta las vacaciones. Así que ella no podría estar ahora en Domínguez.

¿Será de los Pfeiffers? No, porque ellos son ricos y orgullosos; no dejarían jamás que su hija se se casara con alguien que no fuera lleno de plata.Y este muchacho puede ser muy simpático, pero lleva puesto un traje barato y desgastado y además no viaja en coche, sino en tren. Así que a los Pfeiffers los descartamos.

¿Será de los Guercovich? No puede ser, por que la de Guercovich se va a casar la semana que viene con un dentista de Gualeguay.

¿Será de los Mayer...? ¡Pero seguro! Porque ellos tienen tres hijas casaderas: Ruth, Esther y Nora.

Pero Ruth tiene por lo menos unos quince quilos de sobrepeso y no creo que a este muchacho, que tiene buena pinta, se le ocurriría elegirla a ella.

¿Y la Esther? La Esther es una viuda joven y hermosa, pero tiene un gurisito de dos años de edad y casi nadie desea cargar con hijos ajenos.

¿Y la Norita? ¡Ah sí! La Norita es una gurisa alegre de ojos pícaros... ¡Y la semana pasada fue a Buenos Aires a pasar un final de semana!

Con una amplia sonrisa, Samuel extendió su mano. Y dirigiéndose a su compañero de viaje le dijo:

-Horowitz, permítame ser el primero en felicitarlo.


-¿Felicitarme a mí? ¿Por qué?


-¿Cómo por qué mi amigo? Por su próximo matrimonio con la señorita Norita Mayer.


Tan pronto como Samuel retiró su mano, Jacobo balbuceó:


-Pero si yo no he hablado con nadie sobre este asunto y ni siquiera con sus padres. ¿Cómo pudo usted enterarse?


-¿Qué cómo me enteré? ¡Pero si era OBVIO hermano!

martes, 3 de febrero de 2009

¡YO SOY OFICIAL!

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares
Estudiaba Agronomía en Buenos Aires, curso que no concluí (me echaron) y militaba en una organización política partidária.

Eran tiempos difíciles de dictadura. Nuestra organización estaba constituída en células (arbolitos le decíamos) porque, si alguno caía, tendríamos bajas apenas en aquella unidad.

Estábamos manifestándonos contra el Gobierno Militar, cerca de la cancha de Atlanta.

Nuestro principal líder era Simón (claro que el nombre es ficticio, no así la historia) y él se encontraba, aproximadamente, a 60 ó 70 metros del foco de tensión entre la policía del régimen y nuestro grupo, que sucedía justo en la esquina de Corrientes y Juan B. Justo.

Era una situación temerária pues su presencia nos obligaba a destacar algunos compañeros para custodiarlo sin llamar la atención. Al final, si él fuera detenido, la estructura quedaría momentáneamenta acéfala.

Así siendo, fuimos encomendados de cuidar por su seguridad el “Negro Cejas”, “el Fantasma” y yo, todos entrerrianos.

Simón estaba parado conmigo en la esquina de Leiva y Corrientes. El Fantasma se quedó en la misma esquina, en la vereda de enfrente. El Negro, irreconocible, no parecia uno de los nuestros, estaba impecable de blazer azul, camisa celeste, corbata de tricot azul y pantalones marrón claro, se ubicó en la esquina de Concepción Arenal y Corrientes, a pocos metros pues es una cuadra cortita.

De repente, por la calle Santos Dumont, totalmente desubicados, doblan dos patrulleros y se frenan a pocos metros de Simón, que comienza a caminar por Corrientes en el sentido contrario al de los policías, conmigo al lado.

El Fantasma, al verlos, les empieza a gritar y a tirar piedras. Tres se bajan atrás de él, que friamente, sin parar de gritar, camina en dirección a la multitud, mientras los policías dudan sin saber que actitud tomar.

Del otro auto, al vernos retroceder, se bajan dos milicos que nos mandaron parar. De armas en manos nos hacen poner contra la pared y cuando se aproximan para revisarnos aparece el Negro Cejas que en tono firme y alto les dice:
- ¡A esos dos “dejenlós” que son de goma!
¡Vayan a ayudar a los otros que quiero aquel cabezón!
¡Vayan ahora!
¡Soy oficial!

Nos dejan seguir y aceleramos hasta salir corriendo, no sin antes ver al milico cuadrarse, hacer la venia y decirle al Negro:

- ¡Perdón señor! Identifíquese, por favor. ¿Oficial de qué?

En un pique, yá estábamos casi llegando a Jorge Newbery, cuando de lejos vemos que -a los golpes- lo meten al Negro en el patrullero.

Tiempo después nos encontraríamos nuevamente para saber el final de la historia.

-¿Cómo fue Negro?
El vigilante te preguntó: “¿Oficial de qué?
¿Y vos qué le respondiste?

Y sonriendo pícaramente, el Negro dice:
- ¡Oficial albañil! Y les mostré un carnecito de la UOCRA.

sábado, 31 de enero de 2009

¿COMO COMUNISTAS?

Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares
Viendo las fotos de las marchas de los entrerrianos contra las papeleras instaladas en el Uruguay, me vinieron a la memoria recuerdos de un pasado no muy distante al cual todavía no consigo definir si fue positivo o negativo en mi vida. Pero como lo que importa es la historia ahí va...

Era uno de esos días de manifestación contra la dictadura militar.

La columna entrerriana venía marchando por Paseo Colón, cantando consignas, enarbolando carteles y las tradicionales banderas celestes y blancas con la roja franja diagonal.

Ibamos orgullosos, sabiendo que no podíamos fallar. Nos sentíamos dignos descendientes de los centauros de ayer y creíamos que iríamos a desfilar por Buenos Aires como buenos panzas verdes.

Cuando de repente aparecen varios autos, motos y un camión de la Policía Federal, de donde bajaron un montón de agentes vestidos con cascos, de visera tapando el rostro, bastones largos y chalecos anti-balas.

Avanzan encima de nosotros esgrimiendo sus largos garrotes al comando de um oficial que nos grita: -“¡Comunistas hijos de p..., saquen ese trapo rojo de nuestra bandera nacional!!! (solamente le falto "occidental y cristiana").


Y el Quique, de Gualeguaychú, inflando el pecho de indignación,
se planta y dice:

¿Cómo comunistas?

Hermanos, ¿Ustedes no conocen la bandera del Supremo?

¡Esta es la bandera de Pancho Ramirez!

¡Nosotros somos entrerrianos!...

Nos cagaron a palos igual.

Eso sí, por ENTRERRIANOS.

sábado, 17 de enero de 2009

El "Turco" Manuel


Nota: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia. Las fotos no me pertenecen, ni a ninguno de los personajes, las bajé de internet para que tengan idea del estilo o de los lugares
Cuando era estudiante de Derecho, em Buenos Aires, conocí muchos personajes, algunos de valor inestimable, otros no tanto.

Los entrerrianos teníamos por costumbre juntarnos em un boliche de Três Sargentos y Reconquista, el “Bar o Bar” o quizá “Bar...bar...o” (nunca supe cuál era el nombre cierto).

Cierta vez, en ese bar, hice amistad con el “Turco” Manuel. Era una figura de esas difíciles de encontrar, libanés de nacimiento, había llegado a Buenos Aires siendo un bebé y, con la prematura muerte de su padre, se crió en las calles porteñas bajo el cuidado de su madre que poco y nada podía hacer para controlar el espíritu fenício de aventuras que habitaba en Manuel.

Arisco para trabajar, el “Turco” vivia, principalmente, por y de la noche. A veces con mucha plata, otras seco. Su profesión variaba, agente de artistas desconocidos, promotor de modelos, vendedor de negocios mirabolantes y casi siempre imposibles, socio de algún boliche, disco, cabaret o night club, amigo del “jet-set” y de la elite, jugador de tenis, de polo, de rugby, aficcionado al turf, solamente se levantaba de madrugada si fuese para cronometrar algún potrillo.

Lo que tenía el “Turco” era un verso imposible de no ser llevado en cuenta. Envolvente y suave, aunque estuvieras preparado te conducía hacia donde él siempre quería.

Siempre enamoradizo (enamorado y enamorador), Manuel era como primer nieto, vivía alzado. Se había comprometido y “casado” muchas veces, en Argentina, en Uruguay, en Brasil, en el Líbano, en Las Vegas y qué se yo donde más. No despreciaba ninguna dama.

Bueno, no sé si ya les he comentado que a mí me encanta remar, así que estando yo en Buenos Aires, para hacerlo, me había asociado al Club San Fernando, en la ciudad del mismo nombre, cerca del Tigre.
Fue allí que, en el gimnasio, hice una gran amistad con varios jugadores de rugby del Club, que en esa época disputaba la Primera División del Campeonato. Entre tantos, Pepe Matera, era el que más afinidad tenía conmigo y adivinen... era amigo de Manuel.

Nunca supe explicar por qué suceden los encadenamientos de vivencias, pero, para colmo de las casualidades, la mamá del “Turco” vivía en San Fernando.






Así siendo, cierto día, caminaba yo con Pepe por la por la calle Constitución en busca de una remera que él quería comprar. Después de mucho andar consiguió la última “Fred Perry” negra que tanto buscara.

Salimos y nos fuimos a tomar un café em un bar cuando, de repente, entra Manuel con su brillante sonrisa y sentándose en la mesa nos dice: –¡Qué tal, cómo andan? ¡Qué suerte que los encuentro! Caminé toda la mañana atrás de una remerita negra y no la conseguí. Y mirándolo a Pepe continúa: - Acabo de salir de Jazhall (la tienda) donde me contaron que vos compraste la última. ¿Verdad?

-Sí, sí, es verdad, compré la última. Dijo Pepe.

-¡Me la tenés que vender! ¡Por favor, vendemelá! Clamó el “Turco”.

Pepe -¿Sos loco? La acabo de comprar.

Manuel -Es un caso de vida o muerte.

Pepe, sin entender nada -¿Cómo?

Manuel –La necesito sí o sí, con la remerita me salvo yo, te salvás vos y nos salvamos todos.

Entonces le digo –Explicate mejor “Turco”.

Y él responde –Vos también me tenés que ayudar, pero primero Pepe. Lo que pasa es que esta tarde tengo un encuentro con una mujer, (¡Mamita querida!) después van a saber quién es, lo importante es que tiene mucha, pero muuuuchaaaa, plata.
Vamos a ir a San Isidro a jugar al golf con otras personas que nos invitaron y ella me pidió que vaya vestido como ella, con una remerita negra “Fred Perry”, pantalón blanco y zapatos de golf combinados negro y blanco.

Y siguió: -Cabezón, también te andaba buscando, sabés los zapatos de golf que vos tenés y no los usás, los vi en tu departamento. ¿Qué número calzás?

-43.
Le digo.

-¡Justito! Yo calzo 42. ¿Me los prestás?

- Sí, claro, -le respondí- te los regalo, los usé una vez, me los dio una novia que tenía, para que fuera a jugar al golf con el viejo, pero yo no le acierto ni un guachazo a la pelotita. Ya está, son tuyos.

-Gracias hermanito.

-¿Pero qué cuento del tío es éste? Dijo Pepe.

-No es cuento, es verdad, me engancho con esta mina, me caso y nos salvamos todos. Los ojos de Manuel brillaban.

-Te salvarás vos “Turco”. Le digo.

-Noooooo, todos, los voy a invitar a pasar vacaciones en el Mediterraneo, en el yate de ella y en la mansión que tiene en Grecia... después les cuento... ¡Me salvo, me salvo!
-Ya estás de viaje tan temprano? Dijo Pepe.

-Escuchame, por favor, Daniel ya me prestó la BMW, aquélla que está estacionada allá, ¿la ven? ¡Y con el tanque lleno!

Bueno, el cabezón me regaló los zapatos, los voy a buscar ahora. Carlitos me cedió los tacos de golf. Falta que vos me vendas la remerita.

-No!


-Pero no puede ser que me fallés Pepe.

-¡Ya te dije que no!

-Está bien, prestamelá entonces.

-Ni en pedo. Esto es un cuento tuyo para sacarme la remerita.

-Es una tarde, nada más, te la devuelvo mañana, le pido a mi vieja que te la lave y planche o te la llevo a la tintorería. Ya fui a San Isidro y todo San Fernando, no hay remeritas negras

Y bla... bla... bla... y más bla... bla... bla... Hasta que Pepe dice: -Mañana a la mañana me la devolvés, sin lavar y sin planchar.

-¡Hecho! ¿Vamos a buscar los zapatos Cabezón? Te dejo en el depto.

Le respondí: -No, andá vos y decile al Negro Valderrama que te los dé, yo me quedo acá, voy a salir para remar un rato a la tarde.

-Listo. Me voy para allá.

Fue la última vez que lo vimos, salió para el centro con la coupé BMW y todavía en San Fernando, yendo por la Av. del Libertador, en una mala maniobra, se estrelló contra un árbol y murió.

El velorio lo realizaron en la casa de la madre y contar todo lo que ocurrió daría un libro aparte. Pero dos de los fatos que ocurrieron voy a detallar.

El primer caso fue el de las coronas de flores y palmas. Una decía “Tu esposa e hijos”, otra: “Tu legítima esposa”, había también otras con fajas escritas diciendo: “Mónica, la que más te amó”, “La que siempre te amará - Lilí”, “Bety, tu eterna novia” y varias similares.

En un determinado momento las “viudas” se agarraron de las mechas y se armó tal alboroto que casi tiraron el cajón al suelo, fue por poco, las mujeres se revolcaban peleando para ver quien era la “más” legítima, o la más amada. Hasta que doña Fátima, la mamá, hizo sacar todas las coronas y palmas afuera y amenazó con hechar a las que no se comportaran.

Pasé toda la noche velando al amigo, contando cuentos y anécdotas, tomando café y coñac.

El entierro sería a las once de la mañana, pero como a las nueve llegó Pepe con casí todo el equipo de rugby de San Fernando.

Nunca lo había visto así a Pepe, lloraba amarga y desconsoladamente, las personas, al verlo de ese modo, le abrieron paso y yo me aproximé para abrazarlo conmovido.

Pepe llegó hasta el cajón de Manuel y medio como que levantándolo de la solapa le dice:

-¡Turco hijo de una gran p...!!! ¡No me devolviste la remerita!!!