viernes, 12 de diciembre de 2008

LOS LADRONES DE AUTOS

Nota del Redactor: Ésta, como todas las que aquí se escriben, es una historia verdadera por eso los nombres de los personajes fueron cambiados, si existiera alguna semejanza de apodo, nombre o apellido es pura coincidencia.


Eran otras épocas y era común entre los gualeyos dejar puestas las llaves del auto. ¿Al final quién sería capaz de robar un coche en Gualeguay?

El padre del “Tuerto” Aníbal había fallecido y su mamá, por cuestiones de trabajo, se había ido a Paraná, así siendo, en la casa del “Tuerto” se juntaba la muchachada más atorranta y mal intencionada de la ciudad.

Yo vivía en las chacras, pero cuando llovía se me hacía difícil entrar, entonces también me quedaba en la casa. El otro residente permanente era el “Pincha” Adler, un cordobés fuera de serie.

Los habitués del lugar eran el “Negro” Valderrama, el “Gallego” Arana, el “Patita” Espinoza y el “Rengo” Capitán que, curiosamente, era el único gurí rengo en la ciudad.

A 90 km de nuestra Gualeguay estaba la bella Gualeguaychú, en esos tiempos nuestra vecina mayor era la “reina de los festivales de primavera” y en septiembre se hacían grandes fiestas con desfiles de carruajes alegóricos. Ni soñaba en ser “Capital del Carnaval”, título que ostentabamos nosotros los gualeyos.

Bueno, era primavera, queríamos ir a ver el festival, bailar, conquistar gurisas, beber bastante y divertirnos. Yo tenía una chata (1) pero estaba en la chacra y sin pantaneras, o sea, no salía. El “Gallego” le había chocado el auto al viejo y estaba de castigo. El “Tuerto” tenía una motito que mal daba para él. Ya con “Patita”, ni hablar, porque, como decía su hermana, él no se “mamaba” (2)... emparejaba del día anterior. El resto era infantería pura.

¿Cómo iríamos a Gualeguaychú?

De repente el “rengo” dice: -¿Y si nos pelamos un auto? (3)

Lo miramos todos extrañados, pero él continuó: -En realidad no es robarlo... ¡Es tomarlo prestado! ¡Antes que se den cuenta se lo devolvemos!

- ¡Ahí tenés ves!¡ Es la solución! Dijo el “Negro” Valderrama.

- ¿Pero el auto de quién llevamos? Preguntaba el “Pincha” ya consintiendo la acción.

Y con aquella sonrisa brillante y malandra el “Tuerto” dice: - ¡El Fairlane de Raúl Burzaco es ideal porque es grandote! Él duerme temprano y ni se va a dar cuenta ya que la calle donde vive es muy barullenta.

- ¡Ah! ¡Pero vos sos loco! -grité- ¡Justo el auto del Juez que es de colección!!!

Y abriendo apenas un ojo “Patita” respondió -¿Y qué tiene Tito (4)? ¡Hic! Auto es auto ¡Hic!

- ¡Bueno listo, ya está!!! ¡Vamos!!! Dijeron todos, menos el “Gallego” que se abrió porque ya venía muy mal con los viejos.

Para no hacer barullo, mientras unos vigilaban las esquinas, lo sacamos empujando del garaje el “Negro” y yo, con el “Rengo” al volante (que era pariente del Juez). Recién a la mitad de la cuadra lo arrancamos y subimos todos.

Había que pasar el control policial de la garita Sur y como el más parecido con el Juez era el “Rengo” sería el encargado de la misión. Se puso una corbata, unos anteojos sin lentes y aprovechando que el sombrero de Raúl estaba en el auto se lo colocó.

No pudimos llevarlo a “Patita” porque estaba casi en coma, tamaño el “pedo” que tenía.

Todos tirados en el piso del auto, menos el “Negro” que estaba en el baúl. El “Rengo” pasó la garita con la cabeza media gacha, saludando con la mano izquierda pero sin encarar los moros (5). –¡Buenas noches Don Raúl! Dijo el milico, mientras se cuadraba y hacía la veña.

- ¡Piiuuujuuuuuuuuu!!! Pasamos!!! – Grito el “Tuerto” después de unos minutos interminables y daba cada sapukay (6) de golpearse la boca.

Chacoteamos (7) hasta la madrugada, cuando decidimos que ya era hora de volver si no queríamos ser descubiertos.

Después de pasar La Roque, el “Pincha”, con su tonada cordobesa, pidió: -¡Loco, poné Radio Gualeguay que acá ya se debe escuchar!

Y pasados unas tres músicas oímos: “¡Atención! ¡Atención! Comunicado de la Jefatura Departamental de Policía: ¡Se buscan los cinco ladrones del auto del Juez Burzaco! Se sabe que el conductor es rengo”...

- ¡Te vieron! ¡Abombado! Le grité desesperado.

Y siguió la radio: ... "los complices del rengo tienen las siguientes características: uno es tuerto, el otro negro, hay un cabezón y el cuarto habla con tonada cordobesa... ¿Alguno de nuestros oyentes puede imaginar quienes serían estas criaturas?” Y se escuchaban risas de fondo

-¡Juaaa jua jua juaaaa!!! –se carcajeaba el Negro- Nos vieron a todos!

-¿Y ahora macho? ¿Qué hacemos? Preguntaba el Pincha.

-¡Esto es un cachiquengue!(8) Mejor nos entregamos. Respondió el Rengo.

-¡Ni en pedo! Yo paso nadando. Dijo el Negro.
Río Gualeguay, Entre Ríos.

- ¡Yo me bajo en Carbó y le pido al Ruso Vladimir que me lleve! Dije.

Y el Pincha dice: ¡Quiero ir pa’ Córdobaaaa!

- ¡Bueno vayan! Pero es al pedo, si ya nos vieron a todos... Grito el tuerto.

Me bajé en Carbó y después de contarle todo al Ruso, que era de fierro en cosas de la amistad, me dijo que cuando aclarase me llevaba.

Pasamos tranquilos por la garita, aunque me dio la impresión que el milico se reía. Había oreado y conseguimos llegar bien a la chacra, donde nos abrió la tranquera... el moro González!!! Había venido a caballo y estaba desde el amanecer tomando mate con mi viejo que muy solícito le dice al sargento: “¡Lleveseló nomás! Ya le ensillé la yegua a ése. Y vos Ruso, sentate que vamos a seguir cimarroneando.”

Eran las siete y media de la mañana y ya estaban todos en la Jefatura. Al Rengo, junto con el Tuerto y el Pincha, los llevaron desde la garita Sur nomás. Al Negro, que se esforzo como un loco nadando, lo enlazó un milico cuando llegaba a la orilla opuesta.

En el calabozo nos bañaron con la manguera de incendio “por higiene” (dijo el milico). Estábamos todos con miedo, con frío y con hambre.

Media hora después aparece el cabo Jiménez que a los gritos y a las patadas en el trasero nos llevó hasta el patio, donde nos esperaba el Jefe y el Juez.

Don Raúl nos había visto por la ventana desde que abrimos la puerta del auto y quería saber hasta dónde íbamos. Cuando, a la ida, pasamos por la garita Sur el moro ya estaba al tanto.

El Jefe nos pasó la mayor bronca y nos dijo que nos salvábamos porque era pedido del Juez no hacernos los prontuarios. Enseguida nos dió un escobillón a cada uno y nos mandó a barrer la calle alrrededor de la Plaza Constitución hasta el final del día.



Plaza Constitución, Gualeguay.



Jimenez nos vigilaba mientras la ciudad entera pasaba para vernos y gozarnos. Mi vieja, que iba a misa de nueve a la Iglesia de San Antonio, me miraba apenas de reojo, mientras que con el dedo índice me hacía juramentos de que no escaparía de su ira. Aunque estaba en la vereda opuesta me parecía oírla: “¡Qué vergüenza! ¡Te voy a matar! ¡Ya vas a vértelas conmigo! ¡Mejor te sería que te quedaras preso para siempre! ¡Ah! ¡Ésta me la pagás, vos y los atorrantes de tus amigos, te lo juro!”

Chupadazo y sentado en el banco de la plaza “Patita” reclamaba: ¡Tito! ¡hic! ¿A qué hora salimos pa' Gualeguaychú? ¡hic!

Iglesia San Antonio, Gualeguay.

Diccionario panza:

(1) Así llamamos a las camionetas los entrerrianos.
(2) Borracho
(3) Robamos
(4) Nombre que “Patita” daba para todo el mundo cuando borracho, o sea, siempre.
(5) Policías
(6) Grito de origen guaraní que expresa llamado de guerra, pasión, alegría o rabia.
(7) Farreamos, parrandeamos, nos divertimos.
(8) Despelote, lío, quilombo

2 comentarios:

Laura dijo...

jajaja!!! Que buena idea Gualeyo!!! No hay como esas anécdotas!Mi tio Juancito tiene miles de mi pueblo y cada vez que las cuenta parecen sacadas de un libro!Qué suerte tuvimos de haber nacido donde nacimos eh!
Felicitaciones por el blog! Tené el mate preparado porque seré visita constante!

emanuel mattos dijo...

me gusta saver que no soy el nico gualeguyo con blog http://elgatocriollo.blogspot.com/